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domingo, 10 de marzo de 2013

RITOS NOCTURNOS




RELATOS DE HUANUCO
RITOS NOCTURNOS, DE MIRKO VILCA

Acabo de terminar de leer el libro de cuentos Ritos Nocturnos, del escritor huanuqueño Mirko Vilca. El libro tiene muchas virtudes: buenas historias, buenas estructuras y eficaz prosa. No lo digo por decir. Es una prosa directa, sin adornos ni artificios –ni experimentalismos-, pero no por eso menos literaria. Fijémonos un poco en el cuento Cartera Negra, en su principio: María no pudo conciliar el sueño desde que perdió la virginidad con Esteban. Directo, sin ambages, introduciendo el conflicto en la primera línea. Luego prosigue: En el trabajo, mientras Esteban acariciaba los ladrillos, llenaba su corazón con quintales de felicidad. Por fin sería feliz. Y el narrador nos sigue envolviendo con la historia de la joven mujer casada con un hombre cuarentón, la cual, al parecer, no tenía experiencia de la vida. A mi niña te la llevas sin que ningún pecado haya cometido –había dicho Francisco Canales cuando entregó a María a las manos de Esteban. Y el relato prosigue con la mujer afirmada en su vida matrimonial que consolida un pequeño negocio de cosméticos y viaja a la capital a comprar mercaderías. En uno de esos viajes sucede lo increíble. La esposa, María,  oculta un secreto. Pero esto ya lo averiguará el lector. Lo que a mí me llama la atención es el nombre de un pueblo: Corona. Ignoro si es un nombre de un pueblo existente o inventado por el autor –yo me inclino por esto último-. Lo cierto es que este nombre aparece en otros cuentos. Como en Noticias para los diarios, un cuento donde el protagonista es un periodista. Allí empieza: En todo este tiempo había viajado por muchas ciudades tratando de encontrar alguna oportunidad laboral, pero, al parecer, esta no existía. Y ahora me hallaba en Corona, cubriendo el puesto mísero de columnista de un diario local. No sé por qué este cuento me recuerda a Onetti, a sus personajes oscuros, derrotados, tragados por la noche. Sin duda, hay una gran similitud –esto ya lo averiguaré conversando con el autor-. Pero lo cierto es que funciona. El pueblo, los personajes, la fatalidad evocan la atmósfera onettiana. Lo que no quiere decir que es una copia, no. Todo lo contrario. Es un acierto. Creo, si mi memoria no me engaña, que es la primera vez que leo un libro de relatos de un joven escritor de provincias donde amalgama de una manera tan convincente y original la atmósfera onettiana que merece aplaudirse. Claro, algunos pueden decir que es faulkneriano si nos limitamos al nombre Corona; también pues, hay vasos comunicantes entre estos dos grandes autores, pero me quedo con el primero, Onetti; la prosa de Faulkner es muy recargada y no hay en este punto comparación con el autor de Ritos Nocturnos. En fin, muchas cosas se pueden decir de este libro, pero necesito limitarme y ser fiel a mis primeras impresiones. Así que concluyo.
Una vez escuché decir a un poeta nacional que es muy raro que un joven que se inicia en poesía empiece mal, “generalmente empiezan bien”, afirmaba. Algo similar podría yo decir, después de leer el libro de cuentos Ritos Nocturnos, de Mirko Vilca, empieza bien, demasiado bien; solo el tiempo nos dirá –y la práctica, la voluntad del autor- si este logra consolidarse como un buen escritor del interior del país y no quedar meramente en una simple promesa. Mis mejores deseos para él.

Lima, 10 de marzo de 2013
 Jack flores vega

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