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domingo, 22 de noviembre de 2015

NINATA RAWRARICHISUN, DE NORA ALARCÓN


Poesía quechua
LLANTO Y ESPERANZA EN NINATA RAWRARICHISUN, DE NORA ALARCON



No es sencillo comentar un texto escrito en quechua, menos aun comentar poesía quechua. Pero tampoco es posible resistirse y no sentirse enternecido por el sentimiento que emana de  esta poesía ancestral, telúrica. Nora Alarcón ha escrito poesía en quechua, idioma autóctono de los habitantes del ande, y se ha sumado a la persistente corriente del puñado de artistas que escribieron y escriben en este idioma. Es su resistencia, su lucha por el rescate de la gran nación quechua, y por su identidad; lucha tantas veces pregonada y tantas veces llamada a su recuperación, pero casi siempre en la misma condición: la del olvido. Y  es ahí cuanto la poeta Nora Alarcón eleva su voz:    

Cuánto sufrimiento nos trajo
El habernos vuelto parias de pronto,

Quienes nos escuchan por favor oigan nuestros quejidos
Aun cuando el ventarrón nos torne mudos.
Por tanto tiempo permanecimos callados a la mirada de
                                                                        todos los pueblos.


Y su voz, mezcla de llanto y júbilo, de amor y dolor, de ternura y hondo lirismo se deja oír,  aun cuando nos cueste entender este idioma que lleva siglos de vitalidad, y que se niega a quedar postergado, a pesar de la globalización y de tantas corrientes extranjeras que no han podido anularla:

Manawañukuqmi kani
Yaninmi musquyniypi weqochuyki hina
Pampapi uchkupuyki chayllapi puñuykachinaypaq

Manaraq wiñaypaq ripuchkaptikim
Uyaykita kaq qawapayani,
Hina kaqllam rikchakun
Paqarimuchkaq qantu wayta niraq.

(Soy aquel que no muere
A veces en mis sueños cual tu panteonero
Cavo tu tumba para ponerte a dormir en ella.

Cuando aun no has partido para la eternidad
Vuelvo a acariciar tu rostro con mi mirada
Tiene el mismo aspecto
De la naciente flor de cantuta.)

Hay ternura y esperanza en esta poesía de Nora Alarcón, que no se queda solo en la queja, sino que abarca la contemplación, la descripción, el verso libre, la prosa. Y revoloteando en torno a los versos, está el espíritu de la poeta.  

El tiempo ha endurecido nuestras almas,
Sobre este cerro podemos ver la quinua tornarse de mil
                                                                                          colores.
Tal vez la jovial chicha ablande nuestros corazones,
Del mismo modo la tierra madure el vientre de los que
                                                                            en ella viven,
Que haga que florezcan en un gran nacimiento.
Con este fresco aliento de las lluvias ha retornado la primavera,
Mi coca quinto ten la bondad de contarle a esta ciega,
si mi querida madre volverá
Para la fiesta de la Virgen de Cocharcas

Poesía andina, poesía quechua, poesía de fiesta. Siendo los andes la piedra angular sobre la que se asienta la estructura de nuestro país, ¿por qué no la hemos revalorado? Habiendo las costumbres andinas copado casi todo el territorio, ¿por qué no la hemos enaltecido manteniendo su lengua? Hoy la vemos palidecer, temblequear, sirviendo casi de adorno para el sistema educativo. Y la bendita identidad, ¿no tiene su crisis en esta negación del idioma autóctono?

Repito, no es fácil comentar poesía en quechua, aunque el legado que dejaron poetas antecesores nuestros, como el amauta José María Arguedas, o el poeta Killku Waraka, o el recién fallecido Efraín Miranda sea una prueba de que seguirán persistiendo.

Soy el canto floreciendo
En el corazón de una guitarra,
Alguien que canta contra la muerte de un idioma.
Fui semilla quechua plantada en la tierra,
Libremente junto al arroyo del deshielo,
En un campo de colores
Solía correr noche tras noche
Persiguiendo luciérnagas.

Nora Alarcón, al igual que los poetas quechuas que la precedieron, parece decirnos, con orgullo: todavía somos, todavía existimos, seguimos siendo.

Y no la podemos contradecir, sobretodo al leer esta poesía de su libro Ninata Rawrarichisun; un buen texto, sin lugar a dudas.  

Lima, 20 de noviembre de 2015


Jack flores vega