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domingo, 21 de octubre de 2018

EL DESAMOR, LAS BOTELLAS Y LOS HOMBRES EN LA NOVELA "PECADO", DE KEN SÁNCHEZ



El desamor, las botellas y los hombres en la novela Pecado, de Ken Sánchez

 Hay novelas que nos sorprende, novelas que nos sacan de nuestras casillas y nos llenan de interrogantes. Novelas que sorprenden por su estructura, su lenguaje, su ambición. Novelas que marcan un antes y un después, que abren nuevos horizontes. Pero también hay novelas que sorprenden porque se apartan de la corriente, del canon literario predominante en un país. Para el caso que nos toca ahora, la novela Pecado, de Ken Sanchez es algo insular en la narrativa peruana. Y no solo la novela, creo que hasta su autor es insular. Ken sanchez ha venido desarrollando una narrativa bastante apartada de lo predominante en el país. Si bien su primera novela es de corte hiperrealista, allegada al realismo, es esta exageración  del realismo lo que la hace singular.
Hay que recordar que el realismo buscaba analizar, cuestionar la sociedad, denunciar los males. Pero no es esto lo que vemos en la narrativa de Ken Sanchez. ¿Estaría más cerca de la corriente Naturalista? El Naturalismo deriva del realismo, lo exagera, y busca explicar los comportamientos del ser humano, describir el entorno social y derivar las leyes que rigen la conducta humana. Para esto el naturalismo describía ambientes sórdidos, situaciones de pobreza y marginación. Aquí sí hay coincidencias con las historias y los personajes de Ken Sanchez, pero tampoco se puede adscribir su obra a la corriente naturalista. Él no busca cuestionar, descubrir leyes, denunciar, arremeter contra el poder, no. Solo busca mostrar. Crear su mundo paralelo donde el amor y el desamor, y la bebida, por supuesto, son desencadenantes de una variedad y complejidad de tragedias que él, solo busca mostrar. Solo busca contar bien una historia.

El escritor español Antonio Azorín decía sobre la novela: “Escribe prosa el literato, prosa correcta, prosa castiza, y no vale nada esa prosa sin las especies de la gracia, la intención feliz, la ironía, el desdén, el sarcasmo.”   

Y tiene razón Azorín. La prosa, la historia  no vale nada sin estos elementos que le dotan de poder de persuasión, de verosimilitud. Y muchos de estos elementos están presentes en la novela de Ken Sanchez, Pecado. Veamos uno de estos elementos.

La historia empieza con el protagonista Juan, que estudia con Julia, y ambos al hacerse adolescentes se vuelven pareja. Esto ocasiona la ira del padre de Julia quien los separa. El protagonista, incapaz de soportarlo, se hunde en la bebida, y para sobrevivir se vuelve reciclador. Y entra en ese submundo donde conoce a Elisa, cuya historia termina trágicamente. Luego conoce a Elizabeth, quien lo llevará a otro destino trágico. Pero antes de este hecho se reencuentra con Julia, quien ya adulta, vive alejada de sus padres y en una situación terrible. La historia se intercala con Julia y Elizabeth. Y es aquí que la trama, aparentemente simple, tiene distintos enfoques para mostrar; empezando por la madre del protagonista que es la que empieza la historia:

 -¡Te dije que te iban a matar!
La frase de la madre salió con dureza de su garganta al ver el cadáver de su hijo tendido en la cama del hotel donde tantas noches él había albergado sus pasiones.
 Y luego cambia el punto de vista. Ya es el protagonista el que cuenta:
Hacía memoria. Su alma atormentada empezó por recordar desde el día en que recibió la carta de Julia, carta que fue para él como una puñalada que lo condenó a mil desavenencias.
 Y el relato prosigue con ese punto de vista del protagonista y no se percibe en qué momento cambia a un narrador omnisciente:
Sin importarles nada e ignorando el cansancio, la sed, el sueño, el hambre; sin rendirse ante esas desavenencias, juntaron sus alas en un sueño donde sembraron mil ilusiones en aquel barrio donde se les vio crecer. Hasta que la noticia llegó a oídos de su padre.
 Y no solo cambios en el punto de vista del narrador tiene la novela, sino también mudas en el tiempo y en el espacio.
De narrar la historia en un tiempo presente, pasa a un tiempo pasado. Y viceversa, juega, cambia. De estar en Huarás, donde empieza la historia, pasa a Los Olivos, el centro de Lima, y así, cambia.
Y también tiene cajas chinas; las técnicas narrativas antiquísimas.
El protagonista conoce a otra mujer y esta mujer cuenta su desgracia. Cada personaje importante que aparece en la novela tiene su historia. Lo cuenta el narrador omnisciente que lo sabe todo, y lo cuenta el protagonista por su propia boca. Se intercalan las historias, lo cual nos da una riqueza del conocimiento de la historia.

Además de eso la novela tiene incrustaciones de poemas:
“Hundido en su tristeza seguía asistiendo a clases cada día más taciturno, misterioso y más solitario, enredado en su mundo.

Desde
mis ojos
canta la alborada
llamando con mis oídos
a la tristeza,
unos sentados
a tomar una taza
de silencio
caminando
el río
que llora
en mis labios.

¿Quién escribe el poema? ¿El protagonista? No parece, más parece que lo escribe el narrador de la historia.
Bueno, pero no solo hay poemas, también hay una carta, una carta de desamor:
Julia, la primera amada del protagonista, alejada de él, por presión de su padre, después de tiempo, le escribe: 
¡Hola mi amor!
A esta hora ya estarás dormido, son tres de la mañana, me encuentro envuelta bajo el silencio de mi alcoba repasando mis pensamientos que no me dejan dormir; me echo queriendo soñar, pero apareces tú invadiendo todo mi ambiente.
Decido escribirte quizá la última carta que haga para nunca jamás olvidarme, ni siquiera la muerte podrá matar éste cariño que tengo.
Tú ni te imaginas lo mucho que me cuesta escribir, estás en el sueño más profundo de mi ser; no sé qué estarás haciendo, tal vez durmiendo como un bebé recién nacido, mientras que yo no he pegado ni una sola pestaña.
 Esta es la manera que tiene de narrar Ken Sánchez, que ha desarrollado Ken Sánchez; es su estilo personal, original, reconozcámoslo, y aplaudámoslo. 

La novela, pues, empieza con la madre, y termina también con la madre, quien ha leído la notica del periódico y ha acudido al hotel. Aquí también Hay una incrustación: la noticia de un periódico.
Otro elemento del estilo de narrar del autor.
Esta es, a mi entender, la mejor novela de Ken Sánchez. Por estructura y por recursos. ¿Y la temática? La temática viene con el amor, pues, y con el desamor. No hay que olvidar que en la narrativa hay tres grandes temas para tocar: el amor, la vida y la muerte. Ken Sánchez, acertadamente, ha tocado el amor.

Le comentaba a un amigo que sería un pecado no valorar esta novela, no leerla; y sería un pecado mayor no acompañar a Ken Sanchez en la formación de su talento, en la construcción de su talento, en la construcción de su mundo literario, mundo al que él nos invita, al que él  quiere que nos fijemos; tal vez así comprobemos que aun en los seres marginales, en sus desgracias, en su laberinto de pasiones y miserias avistemos también llamaradas de amor, de sacrificio.

Gracias, Ken, por la excelente novela.

Jack flores vega

Lima, 26 de septiembre de 2018

martes, 12 de junio de 2018

EL CABARET VERDE, DE JOHNNY BARBIERI


El cabaret verde. Cuentos.

JUEGO Y DRAMA EXISTENCIAL EN EL CABARET VERDE, DE JOHNNY BARBIERI

Hay libros que al terminar la lectura nos recuerdan otros libros, nos llevan de regreso a otros libros, historias que nos recuerdan otras historias, cuentos que nos llevan a evocar otros cuentos. No es casual que sea así, la literatura se alimenta de la literatura del pasado. Es como un tren del que uno va jalando. Cada autor agrega algo y jala el coche de la buena literatura. Para el caso de “El Cabaret verde”, libro de relatos de Johnny Barbieri, sucede lo mismo; la lectura de los ocho cuentos que conforman el libro me ha llevado a evocar otros cuentos, otros autores, y a buscar en la memoria otros libros que se le asemejen en su conjunto, pero no lo he logrado a cabalidad; a lo mucho, he podido evocar otro cuento o autor que tiene en su trama características parecidas, como es el caso del escritor peruano mexicano Mario Bellatín, y su historia que también gira en torno a peces de un acuario; solo que en el cuento El cabaret verde sorprende más por el conocimiento de peces que tiene el autor y por los personajes marginales (un acuarista tartamudo y una prostituta), sumergidos en una atmosfera de desesperación y obsesión que desembocan en una tragedia:
“…entonces vio a Elisa tirada sobre el suelo, muerta, se acercó, quiso tomarla en sus brazos pero no lo dejaron,
………………..
La riccia flotante bajo la luz alógena cobijaba a los guppys, mientras los platys nadaban libres en ese pequeño mundo submarino donde ahora, Horacio, estaba sumergido por completo y de donde no saldría jamás.”

Pero no es el único cuento del libro que hace evocar a otro autor; hay también otro cuento que evoca otro cuento de otro autor famoso, como es el caso de Edgar Allan Poe, y su cuento policial. “Ojos Rojos”, texto de El cabaret verde, es un relato que tiene un principio policial, con un agente que se acerca a la escena del crimen: una anciana muerta, con la piel rasgada y cabellos salidos, y otros horrores, y es aquí donde el agente policial va a tratar de desentrañar el crimen. ¿No evoca acaso a ese cuento de Allan Poe, el crimen de lord Arthur Saville, donde gracias a deducciones e inducciones se llega a esclarecer el crimen? Bien, aquí es al principio casi lo mismo, solo que al avanzar el relato nos damos cuenta que no es así, y que el relato, de principio policial cambia a uno de horror, un horror que espanta y perturba, la prosa que va contando este hecho se torna hipnótica, paraliza a quien lo lee, y asusta. Es, a no dudar, un gran cuento. Difícilmente un lector de este relato se va a olvidar de este horror, y creo que va a vivir con ello hasta el fin de sus días.
Y así podríamos seguir con otros cuentos del libro, como el de “Coloretes”, de personajes homosexuales. Es decir, hay distintas variantes en este conjunto de historias de  Johnny Barbieri,  que difícilmente se le podría encasillar en un estilo o tendencia. Su temática, si bien critica, realista, corrosiva, no lo es de denuncia; el autor más se preocupa de mostrar, dibujar bien a sus criaturas e impactarnos con sus acciones y deleitarnos con su bien elaborada prosa.        
Pero decía que hay otros relatos que evocan, y claro, está el cuento del homosexual pintor que comparte cuarto con un pintor que se enamora de una mujer recién llegada de provincias, buscando abrirse camino. Y al optar ella por un sucio oficio, abandona el cuarto. Y el pintor va tras ella, solo para constatar que ella ya ha perdido todo, hasta el mínimo respeto, sin ningún atisbo de amor al pintor, quien decepcionado, se mata. Esto es lo que rememora su pareja que habla de él. Pero aquí, lo que resalta más es la prosa, tan bien llevada, con juegos y frases que recuerdan al Rayuela, de Cortázar. Que tal deleite.

“No hacia falta más cerrar las cortinas u ocultarse tras esas falsas mascaretas de polvo blanco con que nos cubríamos el rostro. Pensé que era mejor abrir un agujero en el paño rosa para que todo el mundo nos viera tal como éramos: libres, sin prejuicios, más transparentes que nunca. Alcé la vista y lo miré fijamente a los ojos; no pude decir nada esta vez, me intimidaban sus ojos, esos grandes ojos oscuros, siempre lejanos.”

Reafirmo entonces, los relatos no son críticos, no buscan moralizar ni hacer hincapié en la pobreza ni la injusticia, solo muestran; el autor solo se preocupa de hacérnosla palpable…a través de la estetizante y adictiva prosa que maneja.

Felicito a su autor por este maravilloso libro de cuentos que contribuye a seguir jalando del coche de la buena literatura…y por deleitarnos con la buena prosa que maneja.
Gracias. 
  
Jack flores vega

Lima 11 de junio de 2018

miércoles, 5 de julio de 2017


EL RECICLADOR DE ALMAS, CUENTO DE DANIEL GUTIERREZ VENTOCILLA


¿Comentar un cuento? Sí, porque no. En la variopinta sociedad en que vivimos hay escritores que con el afán de poner el libro al alcance del lector, recurren a diversas estrategias; una de ellas es publicar cuento por cuento lo que, tradicionalmente, se podría publicar en conjunto. Es un recurso válido, si se tiene en cuenta que el texto es bueno, y que el lector o los lectores son alumnos de un colegio estatal –con las conocidas carencias de costumbre y dinero para comprar un libro, y hasta con las prohibiciones por parte del director o docente encargado de un colegio o un plan lector. En lo que atañe a este cuento –y otros-, puedo decir que El Reciclador de almas, del escritor tarmeño Daniel Gutierrez Ventocilla exhibe una sencillez y grandeza en su resultado; su cuento convence, persuade, llega al alma del lector, y, lo que es más importante, lo vuelve un enamorado de la lectura; y hay más todavía –tratándose de un autor-educador-, su cuento motiva, enaltece, engrandece el alma del pequeño lector. Eso es lo que me sorprende. ¿Por qué? Porque muchas veces un texto narrativo dirigido a niños y adolescentes tiene una enorme carga pedagógica, opacando a la parte estética y lúdica del texto. Se insiste bastante en la moraleja, en la enseñanza, olvidando que un texto, de por sí, nos va a decir algo, nos va a mostrar algo. Y lo que se prefiere –tratándose de adolescentes- es que los lectores saquen sus propias conclusiones.   
Para el cuento que menciono ahora, El Reciclador de almas,  tiene por protagonista a un niño, enfermizo, recluido en su casa, que sale solo para conocer al reciclador, un personaje que acumula trastos y negocia con estos. Pero el reciclador no es un personaje cualquiera, es un hombre sabio, que enseña al niño, lo motiva y trabaja con él en común, enalteciéndolo. El relato tiene también historias internas, leyendas muy bien hilvanadas que aportan a la grandeza del texto en conjunto.
El argumento es sencillo: Un niño que tiene una enfermedad incurable, que no va al colegio y es atendido por una enfermera que lo visita, incluso al colegio, para hacerle tomar las pastillas. Como se niega, lo asusta con llevarlo con el reciclador:
“-Si no obedeces, te llevaré con el reciclador –amenazaba.
No le hacía caso, pero cuando empezaba a jalarme hacia la salida, ahí recién le creía y entonces obedecía porque todos los chicos sabíamos que ese viejo desdentado vendía a los niños desobedientes luego de pesarlos por kilos… ¡Ah!, y si ponías resistencia, te fumigaba con su aliento y caías patas arriba como un insecto.”
Finalmente, por una pelea, el niño es expulsado del colegio. Y en casa, mientras su madre se va a trabajar, se pone a dibujar caritas de niños: “…en el exilio en que me encontraba resultó ser una buena idea.”

Luego sucede la proximidad del cumpleaños de su madre, y ante la falta de dinero, el niño busca al reciclador. Este lo encara: “si conviertes cualquier objeto en una herramienta de trabajo, serás útil en la vida…”. Y lo somete a otras pruebas, y le cuenta historias que lo aleccionan. Solo al final nos damos cuenta de la verdadera y dramática situación del niño, y lo que realmente eran la mamá y el reciclador… ¡Emocionante! Una pequeña obra bien trabajada, con técnicas narrativas similar a las cajas chinas, además de una prosa sencilla y un contenido enaltecedor. Felicito al autor por su imaginación y fantasía, y por su destreza para escribir con sencillez. Tarma y los educandos –y todos que aman la literatura- necesitan más de esta calidad de textos.

Lima, 5 de julio de 2017

Jack flores vega 

martes, 24 de enero de 2017

ASÍ TIENE QUE SER O LA MODERNIDAD SIN HÉROES, EN LOS CUENTOS DE JACK FLORES


“Así tiene que ser” - o la modernidad sin héroes en los cuentos de Jack Flores Vega
Acaso seremos el medioevo de una futura modernidad, reflexionaba Octavio Paz, pero el medioevo que nos acoge no está como antes lleno de caballeros, de princesas y de gestas. Los tiempos han cambiado bastante desde la “Morfología del cuento” publicada por Valdimir Propp; la globalización ha homogeneizado a todos; tanto a los escritores como a los personajes. Hay escasez de héroes, y más bien pululan una especie de anti-héroes. Nada de eso incluso nos conmueve, a pesar de que forman parte de nuestros actos y limbos cotidianos.
En ese marco aparece Jack Flores con “Así tenía que ser”, su nuevo libro de cuentos, esta vez dirigido a un público adulto, cuyas historias, fruto de su destreza narrativa, nos presentan una lánguida atmósfera en la que sus personajes intentan materializar sus diferentes planes de vida; estos intentos, son descritos con esa habilidad que Jack nos ha sabido entregar desde sus primeros libros.
Jack Flores Vega ha venido publicando libros de cuentos, como “Lecciones para un suicida”, y “La casa de Arguedas”, dirigidos a un público adolescente, e incursionó con acierto en la literatura infantil con “El gallito que leía periódicos”, además de una novela corta “Diario de Batalla”. Por esa fecha surge, entre las gratas tertulias y encuentros literarios, la intención de Jack de publicar una novela de contenido más serio. Luego de leer los cuentos presentados en “Así tenía que ser”, algo me dice que Jack se encuentra muy cerca de lograrlo.
En el primero de los cuentos, “Vidas extrañas”, el Dr. Fausto busca refugio en su clínica odontológica para olvidar su reciente y trágico divorcio y de todos sus sueños truncados, distrayéndose con las historias de sus clientes y amigos. El cortejo de Fausto a su asistente Marlene nos rememora esa maestría narrativa de Flaubert (como todo buen escritor Jack es un buen lector, y esa acumulación de técnicas se demuestra en sus obras). Aquella escena del hipódromo, que se enlaza con el final del cuento, no dejará a nadie impasible.
Los siguientes cuentos: “De todo” y “En la ventana” son apenas una muestra de lo que esperamos ver en la prometida novela que prepara Jack, dos historias rescatadas de la cotidianidad por el escritor. La literatura, a decir de Octavio Paz, está enamorada del instante, tanto así que lo perenniza. Una pollada de barrio y las maromas para llegar a fin de mes, y de paso intentar trascender por encima de lo común, sinónimo de lo “real”.
En “Pobre Ballena” Jack luce esa habilidad que ya le conocemos desde sus primeros libros. La narración en segunda persona es precisa, y casi logra lo que uno busca cuando se anima a escribir cuentos: construir personajes que parezcan reales, hasta el punto de hacernos sentir parte del momento narrado.
De acuerdo a algunos detalles y por el manejo de sus argumentos (“episódicos”, según Aristóteles pero acertados en narrativa al fin y al cabo), podríamos considerar tanto a “Una noche en Huancayo” y a “La telenovela” como dos relatos de cierto corte fantástico.
Pero es el cuento “Así no tenía que ser” el que nos muestra la nueva veta que Jack abre con este libro y de seguro desarrollará en su próxima novela. El abogado Martín Ramos Ponce ve sus ilusiones deformadas y no tiene más que aceptar esa realización bizarra de sus deseos ( “Ay del que realiza su deseo”, nos alertaba Martín Adán); esa “resignación” es ahora típica de la nueva fauna literaria. Inclusive los personajes de Ribeyro eran más una especie de caballeros retirados y no ganaban gestas sino apenas sobrevivir.
El último pero no menos simpático de los cuentos, “Así tenía que ser” narra de igual manera la resignación de Álvaro de seguir adelante en una relación al no poder estar con Ángela, la hermana menor de su reciente pareja. Precisamente son las conversaciones que se sostienen en los textos de Jack las que van revelando incluso hechos y motivaciones (visos de Hemingway y Reynoso) que al final desencadenan contradicciones en el pensar y el accionar de sus personajes.
Mientras se iba modelando este artículo, surgieron varias discusiones en torno a la necesidad y/o trascendencia de los diálogos (aparentemente triviales ) en los textos narrativos. Nada que Wittgenstein o Van Dijk no hayan intentado resolver desde los campos de la Linguística y la Filosofía. Recordemos entonces que sí, que al final los diálogos cotidianos alcanzan mayor trascendencia que los entredichos académicos por estar más relacionados con el mundo real.
¿Cómo tienen que ser las cosas? El libro de Jack Flores me trajo a la mente las palabras del patrón en “El sueño del pongo”, de José María Arguedas, y como hemos visto en el análisis de algunos cuentos suyos (justo aquello que nos captura y nos divierte) la cosas para los personajes de Jack no salen nunca así como tenían pensado. Las cosas son (o no son) como son, (pero cuidado, dijo platón) o como deberían ser (o haber sido, otra vez Aristóteles) siempre en manos de los escritores. A leer, pues.

                                                                                                                                  Elio Osejo

                                                                                                                                         Escritor 

jueves, 12 de enero de 2017

CONVERSACIONES CON EL MAR, POEMARIO DE TEOFILO VILLACORTA CAHUIDE


CONVERSACIONES CON EL MAR, DE TEÓFILO VILLACORTA CAHUIDE



Hay artistas que son multifacéticos, que abarcan distintos campos en el cual manifestarse, y que, sorprendentemente, lo hacen bien. Claro, en algún campo descuellan muy rápido, en otros campos el proceso es lento, como si necesitaran catalizar distintas fuentes de energía; sobretodo si es energía o inspiración que viene desde el mar. Teofilo Villacorta Cahuide, o simplemente Cahuide, para los amigos, es profesor, narrador, pintor –género en el que descuella desde hace lustros- y también poeta. Autor que poco a poco ha ido incursionando en el difícil arte poético hasta hacerse de una voz propia y de un dominio estilístico ganado a pulso. Es una especie de Tola del pueblo, que no contento con regodearse con la pintura, lo hace también con la poesía o la narrativa. Su última producción poética Conversaciones con el mar, es un conjunto de poemas inspirados en su natal Culebras, su puerto frente al mar; de ahí evoca sus vivencias como pescador, y sus pasiones y temores:

Culebras, cuando te derriben las horas crudas
Como el viento de filudo cuchillo
Como estaca loca arderá la pena en mi pecho.
Tus aguas de sangre hervirán
En las fosas abiertas de mi cuerpo
Y mi alma se perderá
En la oscura senda de la noche.

El libro es una evocación, una remembranza a esa parte de su vida, una especie de paraíso perdido a la que el autor tiene que recurrir para no sentirse desarraigado. Y habla con el mar:

Desde este añoso muelle
Donde las olas golpean desesperadas
Pienso y hablo con el mar
Pienso en los ríos que lavaron mi sudor juvenil
Llevándolo hasta la marea más alta de la memoria
Y siento como si volviera a nacer
De los desastres del alma
En las mañanas abandonadas
Entre huesos rescatados de un naufragio.

Evoca el mar, la hermana, la hija, la mujer; a esta última nombra más en los últimos poemas del libro,

Hoy que vuelves como las blancas olas
Impulsada por el tiempo
Mis ojos han esculpido tu cuerpo
En la fría sombra del recuerdo
Y has danzado en mi pecho
Con esa pena irrebatible
Con la que un día cortaste mi alegría.

En otro poema nos vuelve a decir:

Si pudiera reproducirte miles de veces
Con la alegría de aquel verano inolvidable
En que exploré la mansedumbre de tu cuerpo
Haría con mi carne tu nueva imagen
Para llevarte siempre conmigo.

Haría una ciudad con un fragmento de tu nombre
Y tu corazón sería el árbol religioso
Que multiplique sus hojas en cada oración.

Si pudiera reproducirte miles de veces
Haría con mi sangre un impetuoso río
Para que la flor de tu cuerpo vuelva a brotar.

Con un ritmo pausado, como olas que se acercan a la orilla, el poeta va desgranando sus versos y vivencias, evocando su mundo frente al mar, conversar con este sobre el amor y los sueños.

Conversaciones con el mar, del artista multifacético Teófilo Villacorta Cahuide tiene, pues la singularidad de ser un poemario cuasi autobiográfico, donde se ve la mano diestra del autor, el uso personal de la metáfora y las vivencias casi, casi, nostálgicas.


Felicito a Cahuide por este nuevo logro y su consolidación como poeta de aire marino.
Un abrazo.

                                                                                                                                        jack flores vega


                                                                                                                Lima, 12 de enero de 2017

jueves, 18 de agosto de 2016

LA ENCINA Y LOS AÑOS, POESÍA DE SERGIO CASTILLO FALCONÍ



             LA ENCINA Y LOS AÑOS, POESIA DE SERGIO CASTILLO FALCONÍ


¿Qué podemos decir un poeta que ha pasado ya el medio siglo de vida y aparece, entre distintos vaivenes literarios, con su ramillete de poemas para mostrarlos a todos? Para quienes degustamos de la poesía sabemos que un poeta de madura edad, o repite lo que ya ha dicho en anteriores textos o brinda algo nuevo  del momento que le está tocando vivir. Esto ultimo  parece ser el caso del poeta horazeriano Sergio Castillo Falconí, de Jauja, y su manojo de poemas: "La encina y los años." Pequeño, breve, pero grande en intensidad y altura, y amplio en abstracción y conocimiento es su poemario, "La encina y los años", recién dado a conocer.

                Tengo
                              un cuaderno
                                                          de poemas:
lirio estrellado,
                    alta hierba que
                                                   me  
                                                           contempla.

                     Chompa azul que flota
que adivina
los hastíos,

                       calígrafa de longos salones.

¿Cuál es su propuesta poética? Ahí está, en los versos que discurren de un extremo a otro, tratando de insertarnos en su yo poético. La encina, poema con el que se abre el poemario, tiene distintas imágenes y significados.

   Existe el árbol           antes que yo
        Inicia                        trasforma
De oro al hombre                  de ojos a la flor
                   De la piedra al ave;
                            Porque

             El hombre es tiempo y no yo.

Decía el poeta Octavio Paz que la unidad de la poesía no puede ser asida sino a través del trato desnudo con el poema. Y también se preguntaba si no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida.  
Y algo de esto es lo que hace Sergio Castillo: desnudarse, y hacer poesía con su vida.

                             Ya no vendré
Como viejo canario
                                                       a soltar el trapo
 Del canto
                                                                de plumas.
Quizás me olvide
                                                  a la piedra cansada,
a las fatigas del fuego
                                       a las fronteras de la encina.
A la sombra y la luna.
Anhelo de lograrme
                                    retirado
                                                       entre tanto goteo:
                                  árbol y ruido.

Intensa  y bella poesía es la que nos brinda Sergio castillo, nos golpea y nos regocija, nos regala ese aliento poético que nos estremece; como en estos versos que se tiñen de tinte oriental, parecido a haikus o poesía zen:
 ........
y a lo lejos, tréboles caen,
                                            resplandor, cielo de aldea,
                        ¡el solo musitar de hojas!

Felicitaciones al poeta, y que nos siga regalando su espíritu y su presencia en los distintos rincones del país donde lo encontremos.

jack flores vega
Lima, 18 de agosto de 2016

jueves, 25 de febrero de 2016

NUEVAS AVENTURAS DE LOS MATAPERROS, DE HECTOR MEZA PARRA


Literatura juvenil de Tarma
NUEVAS AVENTURAS DE LOS MATAPERROS, DE HÉCTOR MEZA PARRA


Una buena obra literaria tiene algunos ingredientes comunes: nos hace rememorar, nos inspira, o nos dibuja una sonrisa en lo más profundo de nuestro ser. Vivimos, por un momento, alejados del presente para sumergirnos en esa vorágine de ficción y verdad, en esa aventura que, por lo dramático, tierno o cómico solemos acompañar, porque de algún modo nos identificamos con esta, de algún modo tiene esa historia que leemos algo de nosotros. Hago este preámbulo después de leer la segunda parte del libro juvenil Nuevas aventuras de los mataperros, del escritor tarmeño Héctor Meza Parra. Si la primera parte de Los Mataperros fue entretenida, tierna, simpática, edificante, no lo es menos esta segunda parte. Héctor Meza Parra despliega una prosa sencilla y una ternura, un ludismo, y combinado con sus remembranzas juveniles ha armado su pequeña sinfonía novelesca. ¿Qué tiene en común con nosotros esta corta novela de tres adolescentes que hacen travesuras en casa y fuera de casa haciendo renegar a sus familiares? Bueno, la respuesta sale sobrando. Los tres muchachitos, Ángel, Elver y Lucho nos transportan a esa parte de la adolescencia donde todos, de algún modo, hemos hecho travesuras. Héctor Meza Parra ha recordado a su ciudad natal, Tarma, y ha recreado las travesuras de estos tres mataperros -que con toda seguridad algunas de esas travesuras son suyas-, haciéndolos revivir en nosotros. ¿Quién no le ha jugado una broma –cruel a veces- a un familiar, a una abuelita –como lo hace Ángel, el protagonista principal, escondiéndole la dentadura postiza para luego colocarla en un melón donde ha dibujado un rostro? ¿o quien no ha jugado con una llanta desusada de automóvil corriendo tras ella haciéndola girar? Ángel, el protagonista, lo hace, introduciéndose en la abertura de una llanta grande y haciendo que sus amigos la hagan girar con él en el medio hasta deslizarla por una pendiente donde nadie la pueda controlar, llenándolo de pánico. Es simpática esta obra, que a la vez que nos cuenta las travesuras de estos mancebos, vamos viendo las costumbres de una ciudad que con el transcurrir de los años habrán cambiado. El autor rescata eso y nos lo muestra para tener una idea de aquellos años… Como la primera parte, esta también tiene un final tierno: el momento en que Ángel, el muchachito, tiene los primeros escarceos amorosos por la presencia de una chica –Carolina- que corresponde a las inquietudes del muchacho.
Después fuimos a sentarnos en muro. Estábamos en silencio, sin saber qué más decirnos. Pero ella se limitó a apoyar su cabeza sobre mi hombro derecho. Estuvimos así por media hora, sin preocuparnos del frío ni el hambre. Observábamos las estrellas y las gotas de lluvia a trasluz de los faroles en la huérfana noche.           

Es buena la obra porque el autor es sincero en su sentir. De allí su éxito. Una prueba más de que se puede hacer una buena obra infantil o juvenil sin necesidad de recurrir a dragones, caballos sin cabeza o brujas con sombrero de punta algo que no corresponde a nuestra realidad. El autor, Héctor Meza Parra, con su libro Nuevas Aventuras de los Mataperros nos da un buen ejemplo de lo que es una buena literatura, autóctona y con dotes de perennidad. Esta segunda parte de Los Mataperros -al igual que la primera- quedará para la memoria colectiva de los lectores. Bien por el autor, y por el país.

Jack flores vega

Lima, 24 de febrero de 2016