Buscar este blog

miércoles, 14 de mayo de 2014

El MUNDO DE REMEMBRANZAS DE ROBERTO SALAZAR: EL ÁNGEL CAIDO



Libro de relatos El Ángel caído


                           El mundo de remembranzas de Roberto Salazar


Leer una obra literaria implica asomarse al estilo del autor. A la forma en que escribe. Claro, también nos acercamos a lo que dice, al fondo. No existe texto artístico –y no artístico- que no contenga esos dos elementos. ¿En qué manera ambos elementos se funden y nos dan ese toque de magia, cuál prevalece sobre cuál? Es una discusión eterna. Algunos dicen que el fondo determina la forma; otros, que todo es forma, y nada más. Hago este comentario  porque lo que más me ha sorprendido del libro de relatos de Roberto Salazar, El ángel caído, es su lenguaje, su forma. Se podría decir que su lenguaje es formal, de estilo austero, y hasta podríamos decir que tiene afinidad con el modelo de lenguaje clásico. Todos sus relatos, sin excepción son salvados por este manejo preciso del lenguaje. Por esta manera tan equilibrada de narrar. Vamos a verlo en uno de los doce relatos  del libro:

Nos habían dado leche, un cuarto de galletas y un lugar para cobijarnos, pero no era lo suficiente, el ardor en la espalda era lo que más nos molestaba.

En otro relato escribe:    
Nunca sentí tan cerca el amor hasta que lo vi. No sé si era verano o cualquier otra estación. El clima jamás me importó. La vi parada con una bolsa negra en la mano derecha y miraba despreocupada la calle atestada de gente y vehículos paseando sus veleidades y perdiéndose en callejuelas. Al rato ya no estaba.

Uno lee y lo siente todo tan perfecto, tan asimilable, tan impersonal. Pero si bien destaca por ese manejo del lenguaje, no por eso hay que dejar de tomar en cuenta el fondo, y lo que nos dice el autor en los doce relatos que componen el libro son los que ha ido desgranando de su experiencia de vida. Ahí tenemos el amor, la amistad y la preocupación social, si bien esta no está en todo el libro. Lo que más sobresale es la añoranza, sucesos del pasado que, por la magia de la escritura, se han impuesto y han ocupado un lugar en la vida narrativa del autor.

Por ejemplo el relato: Cuzco, ciudad de piedra, que, más que hablar del Cuzco, habla el narrador de la madre, la alegría de la madre…, y su dolor. Es un relato corto de pocas páginas; empieza el narrador conversando con su tío, refiriéndose a la alegría de la madre, recordando los distintos lugares donde vivieron, y luego, hablan de la muerte del hermano menor, lo que provoca un desequilibrio en la madre, y su eterna tristeza. Y el relato termina así: Quizá haya debido empezar este relato por la tristeza de ella, pero ¿para qué? Empezar con una alegría es un signo de belleza en un relato, y tiñe el papel de una especie de ternura en las palabras, nada más.
El autor nos hace un juego, y agrega otra dimensión a su relato.
Y así como este hay otros textos en el libro; textos que en algunos casos dan la impresión de ser estampas. Pero eso no interesa, sino el toque mágico que le da el lenguaje a todo lo que narra.
Fijémonos:
 El tío Julio se nos ha ido como el humo del cigarro, como una burbuja que se disipa en el aire. Efímera y brutal, así es la vida, así somos nosotros, un delgado hilo de vida que puede romperse en cualquier momento.

Y más de un relato tiene este lenguaje y esta manera de despertar nuestra sensibilidad.  

Pero también está el lado de la preocupación social del autor en el relato Dos rostros, dedicado a la mujer obrera. El narrador nos muestra a la mujer obrera de regreso a su casa, ahí le cuentan de la muerte de su esposo, y el derrumbe emocional que sufre. Termina así:
Las calles solitarias eran el espejo del tiempo de inusitadas desdichas para ella y sus hijos, pero todo había de ser como antes, se tenía que seguir viviendo y trabajando para alimentar el recuerdo de su hogar fracturado, de sus hijos huérfanos, de la ingrata sos­pecha de que no podría educarlos como ella hubiese querido. Con la certeza de que tendrá que soportar sola el sacrificio, sin más apoyo que ella misma, sola en lo que restaba del camino.

La virtud que tiene Roberto Salazar al narrar es que concentra mucho, en pocas páginas nos dice muchas cosas...con ese buen lenguaje formal que ostenta.
Me recuerda a Borges, que se jactaba de no escribir novelas porque lo que estas dicen él lo podía decir en pocas páginas, en un cuento. Tal vez sea la misma actitud de Roberto.
Otro cuento muy bueno: Milonga bajo una estrella de cristal, es también de corte social, pero no tiene el tono ácido, criticón ni el deseo de satanizar ni de ser crudo, sino que se mantiene equilibrado; cuente lo que cuente, diga lo que diga, la prosa del narrador es inalterable, el autor  muestra, no abandona en ningún momento su estilo equilibrado. Con eso le basta para realzar lo que quiere decir, y lo que quiere hacer llegar al corazón del lector.
Por eso digo que no importa si algunos de los textos no tienen la estructura de cuento; no es necesario, en realidad. Roberto Salazar puede contarnos cualquier cosa, por más simple que sea, este va ser revalorado gracias a esta prosa tan equilibrada y gracias a la mirada tan sugestiva del autor para hacerla importante.

Falta de respeto, el último de los relatos del libro, sorprende porque allí prescinde de los signos de puntuación, todo es corrido y corrido, y muy bien escrito. No hay duda, el arte de la palabra escrita tiene en Roberto Salazar a un buen cultor. Su vena poética es innegable.

Se preguntaba Julio Ramón Ribeyro en un libro de ensayos, ¿Qué le queda al novelista actual? Hacía mención al hecho de que las ciencias sociales han acaparado la transmisión del saber, lo que antes caracterizaba al escritor. Por eso la pregunta. Y él mismo respondía: “Felizmente le queda el lenguaje, le queda la fantasía, le queda la libertad de la composición, le queda el carácter no utilitario de su quehacer, le queda tal vez la insatisfacción.”
Todo esto se puede aplicar al libro Ángel caído, de Roberto Salazar... con excepción de lo último. Creo que cualquier lector que se asome a esta obra de Roberto Salazar va a estar satisfecho, va a experimentar el gozo, la alegría de haber leído una obra valiosa, una obra que va a perdurar en el espíritu de todos los que la leyeron. Y de los que la leerán, seguro. Ese es su destino.

Gracias.


Jack flores vega

Lima, 2014

Gremio de Escritores del Perú

lunes, 31 de marzo de 2014

EXTRAÑOS EN EL PARAÍSO, DE ELIO OSEJO



Extraños en el paraíso, libro de relatos
Los paraísos extraños de Elio Osejo


Un libro de cuentos, de poesía o novela, en general, tienen el espíritu de su creador. En sus líneas, y entre líneas se puede ver o releer lo que su espíritu ha amasado y considera valioso; aquello que constituye el leit motiv del autor. Ya el poeta portugués Fernando Pessoa afirmaba que en las emociones está el verdadero registro del recorrido del hombre por la tierra, no en la historia. En ese sentido, el libro de relatos Extraños en el Paraíso, constituye también el registro emocional de su autor. Elio Osejo ha edificado un “paraíso”, un paraíso que, como su mismo nombre lo indica, es muy extraño; tan extraño que uno no recuerda haber leído textos narrativos tan intimistas, tan poéticos…y con un registro tan diverso. No, no es eso lo predominante en la narrativa peruana, tan arraigada en la literatura como reflejo social, como crítica social; esa no es la propuesta del autor. Su dimensión es otra, más filosófica, más psicológica, ahondando en el corazón del ser humano:
En uno de sus textos se puede leer:
El sufrimiento, dice aquí, es el dolor que nace del contacto con lo visible. Morir es un cambiar de cuerpo como cambia de máscara el actor entre una escena y otra. Vida y muerte son ambas apariencia.
La fugacidad es la ley de todos los seres.

Frases reflexivas, especie de cuentos cortos dentro de un cuento, especie de aforismos, la propuesta literaria de Elio Osejo es interesante. No digo que el libro tiene cuentos cortos, la mayoría son cuentos de más de una página, pero que entre líneas nos dice mucho. El cuento “Fragmentos de un diario apócrifo” es la reflexión de un personaje viejo, que cuida a un niño de cuatro años. Nos dice, por boca del narrador:

Al principio fue el caos y lo sigue siendo. Pronto los edificios de esta lóbrega ciudad gemirán sus recintos y los autos adquirirán la codiciada facultad del vuelo. Pero no se verá ni un cambio sustancial en el alma del hombre.

¿Lo ven? Son frases dentro del cuento que como aforismos nos va diciendo el pensamiento del narrador. El cuento, pues, es filosófico. Lo que no quiere decir que todos lo son, no. Su registro es variado. El cuento  Siempre tendrás veinte años, por ejemplo, es casi o totalmente de ciencia ficción. Nos habla de “Psicoingeniería”, de “cuantos de luz”, de la “Tecnoplasmia”, pero sin dejar por eso de mencionar el problema de la raza humana: la superpoblación, que uno de los personajes del cuento, el reconocido Dr. Freud intenta solucionar:
 El Dr. Freud terminaba de probar el “Albedrío Cuántico”, una forma suprema de inteligencia artificial integrada por cuantas de luz que podía captar, albergar, procesar y emitir cualquier tipo de información en millonésimas de segundo…
Sería alojado en el Arca, una especie de portaaviones gigantescos que viajaría por el sistema, exploraría el espacio y analizaría las posibilidades de supervivencia y colonización del ser humano, provista de sondas y robots capaces de construir refugios adecuados que esperarían a los primeros colonizadores enmendando el angustioso problema de la superpoblación.
Pero el proyecto fracasa, porque esta inteligencia artificial se rebela al considerar que el ser humano representa un peligro para el sistema espacial. El narrador continúa:
El Dr. Freud se abocó en los últimos años a crear un androide que pudiera comprender al ser humano y ayudarlo en su lucha por la supervivencia de la especie...
Dora, la hija adoptiva del doctor, llama a la puerta del ingeniero Zimmerman, quien fuera discípulo del doctor. Ahí este se entera que el doctor ha muerto y le ha dejado sus planes y proyectos, incluido a Dora. Se lee:
Dora es perfecta, casi humana…ahora sonríe nerviosa y misteriosamente mientras disfruta de un diminuto cigarro. ¿Sabrá acaso ella algo de lo que representa?
Líneas más adelante el ingeniero le dice a Dora:

Te hospedaras aquí, espero que estés cómoda –le digo, mientras ella sonríe y agradece besándome en la mejilla.

Y se termina la historia con la mujer Dora entregando unos poemas al ingeniero que mucho antes los había escrito y los había dejado guardado con el Dr. Freud.

Te los traje por si acaso… le dice la mujer Dora, o la casi mujer.
El cuento no escapa a la dimensión humana, la salvación representada en una mujer, o casi mujer.
Es un buen cuento, toca muchas aristas, y da para más de una reflexión.  

Hay otro cuento, con distinto registro, “F”, así se titula, donde el punto de vista, el que narra, es un perro, y a través de él vemos la vida desamorosa del profesor Severino, su dueño, complicado por la existencia  y la falta de amor. El narrador, el perro, nos cuenta:
El profesor no sabe cómo entrarle a la chica; está en su clase de historia, pero allí él es otro.
Una noche encontré al profe re borracho, con las justas andaba y en su media lengua maldecía la suerte de tener que encubrir un mundo de miseria.
Y así el perro continúa contando el drama del profesor, ilusionado por una de sus alumnas que venía a calmar su mediocre existencia.

Extraños en el paraíso, es otro tipo de cuento, uno de corte existencial, con personajes de circo, payasos y hombres bala.
¿Es esto la felicidad?, se pregunta el payaso cobrizo y de ojos aleonados que acaricia el cabello de Coral luego de la función. A veces siento que todo es sueño alrededor del mundo –susurra en brazos de su amada-. Menos las horas que paso contigo.
Coral se abre ante él como una flor y el payaso lo explora, lentamente, hasta que ambos sucumben en las tibias arenas movedizas del deseo.
Enorme cuento.

Despertando, otro título, es un cuento trágico, de un suicidio. La protagonista Karen, una adolescente de trece años no puede entender los cambios en su vida y solo ve una solución a su angustia.
He sabido por qué me miran tanto ahora los hombres, empieza.
Tu cuerpo está despertando, Karencita -así decía Romina-, cuando cumplas tus trece tendrás un cuerpo de veinte, deberás cuidarte de los hombres porque a ellos no les va a importar que aun seas una niña.
La muchacha tiene conflictos con su madre, que la prohíbe hablar con otros y la prohíbe también hablar de su padre fallecido.
Prefiero terminar esta tortura ahora que todavía puedo reconocerme, ahora que soy yo, aunque incompleta, yo.
Cuantas veces he querido volverme de papel, pero no ahora…porque si fuera de papel, ya no tendría el peso necesario para quedar colgada en el lazo que he hecho con el cordón de la plancha, anudada a la viga que pasa por el techo de mi cuarto, como un voluptuoso, temeroso y verde fruto que no quiso madurar.

Aquí no hay efectos especiales, es otro cuento del paraíso, quizás el menos extraño…, para todos nosotros; toca el tema del amor. Ambos protagonistas, Irene y el narrador se enfrascan en una pelea:
Cada semana espero solo este momento: Irene corta el ritmo de su respiración…se acomoda el cabello frente a mí, borra una leve sonrisa de su rostro y levanta los puños en posición de ataque…
Y se produce el primer round, luego el segundo: Irene lanza su grito de combate y su talón intenta varias veces atravesar mi cuerpo, pero yo ya no estoy ahí
Esa es mi alumna… nos reímos más fuerte, conscientes de la proximidad. Nuestros cuerpos se acomodan oscilando. Aun no acaba la pelea…
Y el narrador sugiere el tercer round, que será en otro lugar, un lugar muy bonito.
Romántico cuento, de amor. Una alegoría, quizás, sobre lo que son las relaciones de pareja, ternura y conflictos.
Otro cuento del paraíso es Vampira loca, que tiene ribetes de terror. Pero no lo voy a comentar. Son 15 relatos del libro, que muestran el paraíso extraño de Elio Osejo. Paraíso que no se parece a lugares determinados. No es un realismo, repito, de corte social. Su crítica va por otra parte: la existencia humana en toda su complejidad, auscultando el corazón del hombre. Y sus reflexiones, y sus amores y temores.
Es original en su propuesta, así como en su estilo. Y mucho más original por su registro. Cualquier lector se sentirá extraño en este Paraíso de Elio Osejo, pero luego entenderá esta extrañeza, esta singularidad de hablar de la condición humana desde su interior.
Sin duda una excelente propuesta, que se suma a lo que otros jóvenes ya ofrecen con excelentes logros en su arte. La literatura peruana se mantiene en su gran nivel, en su desarrollo, y a esto contribuye este libro notable “Extraños en el Paraíso”, de Elio Osejo.
Bien por él, y por su talento.
Gracias.

9 de marzo de 2014 Casa de la Literatura
Jack flores


miércoles, 29 de enero de 2014

NUEVO NUMERO DE LA REVISTA SIETECULEBRAS


Revista cusqueña de cultura
NUEVO NUMERO DE LA REVISTA SIETECULEBRAS

La Revista Andina de Cultura de la cosmopolita ciudad del Cusco, bajo la dirección de Mario Guevara Paredes ha dado a conocer un número más -el Nº 34- en su etapa de apertura y difusión internacional, sobretodo latinoamericana. Escriben y colaboran en este número: Jorge Ladino Gaitán, de Tolima, Colombia, Van Gogh en la poesía colombiana; Sergio Lainelet, también colombiano, pero residente en Madrid, Cuentos sin hadas, aquí una excelentísima muestra de su poesía sobre cuentos infantiles:
               El patito feo
El pequeño pato inclina la cabeza
sobre la superficie del lago
y se contempla
un eco de risotadas apresa su mente
palidece
temblequea
cuenta hasta tres
y se zambulle hasta el fondo
con una piedra atada a su cuerpo

También está Gonzalo Geraldo, de Chile, Entrevista con Tulio Mora; Alejandro Varderi, Kisth e historia en el cine de Pablo Larraín; María Cristina Mansilla, de Córdova, Argentina, Voz de caminante: Latinoamérica en la poesía de Amaro Nay; Mario Wong, peruano radicado en París, Las voces de los muertos en la novela Ese camino existe; Lawrence Carrasco, Michel Foucault y la literatura. Y los colaboradores nacionales: Guissela Gonzales, Conciencia creativa, renovación formal y compromiso humano en la obra de Raúl Brozovich; Juan Alberto Osorio, La otra narrativa peruana; Mario Guevara, Entrevista con Miguel Ángel Quemain, conocido periodista cultural de la ciudad de México; también colaboran con poesías: Carolina Fernández, Mario Pantoja y Maripily Menéndez, de República Dominicana. En la sección fotos, una muestra de fotos en blanco y negro de Luis H. Figueroa, Los silencios de Cusco, reconocido fotógrafo cusqueño. En la sección Reseñas de libros escriben: Alejandro Alonso, Mario Pantoja, Rafael Ojeda y Soledad Maldonado.
La carátula, en esta oportunidad es obra de la artista plástico Rocío Caballero, El león no es como lo pintan, de la ciudad de México. Las ilustraciones interiores tienen su autoría en José Luis Morales, artista visual y plástico de la Escuela de Bellas Artes, del Cusco.

La revista está a la venta en la librería El Virrey, del cercado de Lima, a un precio de 10 soles; aunque también pueden dirigirse a mi persona vía email o facebook.

                                                                                             Jack flores vega
                                                                                                        Lima


    

lunes, 25 de noviembre de 2013

FANTASÍA Y LUCHA SOCIAL EN PASAJE MAR AMARILLO

                  

Libro de relatos
Fantasía y lucha social en Pasaje Mar Amarillo, de Eva Velásquez


Algunas veces uno se encuentra con textos que se resisten a una categoría establecida, a un canon regido por la academia. Por ejemplo: Celebración de la Novela, del eximio escritor peruano Miguel Gutiérrez Correa. Es un libro, como lo dice su propio autor, “que bien se puede leer como una crónica, un ensayo o una novela.” Y es verdad. Se puede leer así y se disfruta mejor leyéndolo así, sin ninguna preocupación por su clasificación. Y de la misma manera, el libro Prosas Apátridas, de Julio Ramón Ribeyro, un libro que su mismo autor se negaba a clasificar. Y ni qué decir de libros de escritores del extranjero, algunos siguen con la tendencia de la vanguardia, la experimentación. ¿Pero a qué viene tal remembranza? Bueno, es por la inquietud y sensación que me ha causado al leer el libro de relatos Pasaje Mar Amarillo, de la escritora chimbotana, Eva Velásquez Lecca.  Es un libro que contiene ocho textos narrativos. Todos marcados por la fantasía, pero con distintos y variados ingredientes. En algunos de ellos se incluyen párrafos que se asemejan a una proclama, a la leyenda, y que incluyen también un dios mitológico andino o un dios mitológico griego, y hasta el dios cristiano. No importa, todo es valedero para la autora, para que ella pueda transmitir lo que siente, lo que cree. Por eso recordaba a los libros de difícil clasificación. Porque los textos de Pasaje Mar Amarillo si bien reflejan el ansia de justicia social, en su forma son disimiles, heterogéneos por los recursos de que se vale. Fíjense en el primer cuento: La hora no registrada. Allí tenemos a una niña que se pierde en la hacienda en que vive, y cuando sus familiares la buscan, se dan con la sorpresa que se la ha llevado el dios Marañón, el dios del río, para que sea su esposa. Y el cuento termina de esta manera: “Y así, toda la región de Pataz fue bendecida por el Dios.” Es una historia, digamos, con un final feliz, en que la niña ha servido como ofrenda al dios para que su región sea bendecida en frutos. Y después tenemos una historia de duendes, y luego otra de botas y de gatos, como personajes. ¿Es literatura infantil? La respuesta es sí, y no. Porque si bien los cuentos tienen componentes infantiles, no se queda ahí, puesto que el énfasis está en el mensaje social; un mensaje claro, directo, sin tapujos. Aunque no sería extraño que los infantes también lo asimilen. Hay que recordar que literatura infantil es aquella que va dirigida a los niños o de la cual los infantes se apropian. Y yo creo que se los van a apropiar, aunque más los adolescentes que los niños. También hay que decir que la autora es poeta, tiene libros de poesía y este es su primer texto de narrativa. Hago esta apreciación porque creo que así podemos entender mejor el mosaico heterogéneo de su libro. El texto, como repito, es un conjunto abigarrado de ocho relatos disimiles, pero unidos por eso que un lector puede identificar rápidamente, y que constituye además, la médula personal del escritor: el estilo. Y el estilo de la prosa de Eva Velásquez es coloquial, popular, de fácil asimilación. Un ejemplo: “Cierto día, Leoncio encontró en el ropero del abuelo unas botas con corbata michi color azul, con incrustaciones de cobre.” Sencillo. Otro ejemplo más: “Una vez cumplida su misión de paz y armonía, Tutaykire abandonó la tierra y retornó al país de la verdad, el bello reino de Tutaykirión, más allá del Huascarán, donde las nubes cubren el horizonte. “   Y así podríamos nombrar la prosa de los otros cuentos. Pero no es solo por el estilo que uno puede identificar a la autora, sino también por sus otros recursos. Y aquí quiero citar al célebre escritor francés Flaubert. Decía él  que un escritor debe ser como un dios, estar en todas partes de la obra, pero no dejarse ver. Pero con el libro de Eva Velásquez sucede todo lo contrario: ella está en todas partes, y en todas partes se deja ver. En su amor por Chimbote, en su deseo de justicia, en su hablar popular, en sus sueños, en sus enseñanzas, en la ficción que nos cuenta y nos entretiene. Ella está ahí. Y los que la conocemos, los que tenemos la suerte de conocerla, sabemos que ella es así, que tiene esos arrebatos de lucha social; sin necesidad de caer en sectarismos, ni de pertenecer a un partido político. Por ejemplo. En el cuento La ciudad de los duendes. Cuando la niña se va a jugar con los duendes, “tres diminutos hombrecitos con barba muy verde y con el cabello rojo  ensortijado”, ella se olvida de la hora y en el juego, dice la autora, “viajó con ellos por toda la costa del Perú; estuvo en Paracas, conoció las Líneas de Nazca, las Islas de Pachacamac, La ciudad Sagrada de Caral, Sechín, El señor de Sipán, Punta Sal y sus bellos atardeceres.” En todos estos lugares, nos dice  la autora, jugaron a las escondidas con el tiempo invertido. Y cuando la niña quiere regresar a casa no puede, pero de tanto insistir los duendes acceden, dibujando antes una nueva ciudad en la costa. Y dice: “Y así apareció Chimbote, antes del boom pesquero, con su belleza natural, tan hermosa como el cielo.” Y luego en otro cuento, Tutayquire, el dios del mar, el relato termina de este modo: “los pescadores con sus rústicas lanchitas volvían al mar límpido y pacífico, sus familias los esperaban tranquilas y felices en sus casas; habían vencido a los malos empresarios, había retornado la paz y la justicia social a Chimbote.”
Y en los textos hay más referencias a la lucha social…, y a la fantasía.
Y a este otro aspecto en el que también me ha sorprendido quiero referirme –porque, en verdad, me ha sorprendido mucho-. El libro tiene una fantasía, una imaginación desbordante, trepidante. Una imaginación y fantasía que no tiene límites, que no responden a ningún canon. Ni al mitológico ni al oral, aunque se vale de esos elementos.  Por eso es que citaba su condición de poeta, porque creo que eso puede ayudarnos a entender esta fantasía, esta magia desbordada, sin reglas, sin frenos, limitadas solo por la historia que nos cuenta.
Fíjense: un par de botas con corbata michi son los personajes de un cuento. En otro, un gato llamado Edward que juega damas chinas y es escritor, que viaja a Paris y es famoso, y luego se lleva a su amiga al Egipto para que sea la reina, sucesora de Cleopatra. Extraño, ¿verdad? Pero  si leemos el texto, veremos que nos convence, creemos. Por eso digo que el libro me parece  inclasificable.   
Pero no solo hay que tomar en cuenta su condición de poeta para ayudarnos a entender la magia del libro sino también hay que ver sus lecturas, sus influencias. Y en sus lecturas yo veo allí una influencia conocida; la de Alicia en el país de las maravillas. Todos los que han leído ese libro se podrán dar cuenta de la magia de la imaginación, de lo fantasioso y de lo increíble que ocurre en el mundo que Alicia visita. Algo parecido nos muestra Eva Velásquez en Pasaje Mar Amarillo, lo que no quiere decir que es copia. No. Es auténtica, se vale de elementos peruanos. Hace un sincretismo. La leyenda cristiana de Pedro el edificador de la iglesia por encargo de Jesús y la mitología andina del dios Tutaykire.    
El arte de la narrativa es, pues, el arte de la persuasión. El autor tiene que convencernos de su ficción. O de su visión. Un buen autor, un buen escritor: impone su visión. Y aquí Eva Velásquez nos está imponiendo su visión: Su amor por Chimbote, su defensa del medio ambiente, su amor por la justicia, aunque sea con miedo, como nos dice en su cuento Pasaje Mar Amarillo en el que a un hombre que no respeta la naturaleza le cae una maldición.  “¿Adivinan quién es?”, se pregunta la narradora. “Sí, el hombre no artista, el hombre insensible a él mismo… Armando se llamaba el sinvergüenza, vaya, hasta cólera ya me dio. Este era el constructor de casas, el rey de los planos de los supermercados, el más pituco…” Bueno, este es el cuento del hombre que buscaba destruir el jardín donde vive una rosa y que termina así: “Hoy la rosa aun lozana y sonrojada perfuma nuestro jardín, y si tú no crees, ella leerá tu destino, como lo hizo con su cruel enemigo.” Como diciéndonos: cree porque si no te friegas. Y el libro tiene más pasajes, pasajes curiosos, donde la misma autora interviene. Y todo dulcificado por el estilo. No hay el realismo crítico, que es lo que caracteriza a la narrativa peruana, sino todo lo contrario, el lenguaje es coloquial, popular.
La verdad, el libro da para más de un análisis, para más de una metodología de estudio. Es auténtico y eso es lo que más rescato.
Termino diciendo que con proclamas, con una fantasía tremenda, con mensaje directo e indirecto, a trompicones, con rebeldía, Eva Velásquez se está metiendo en la historia de la literatura. Yo la celebro. 


Chimbote, 14 de noviembre de 2013
 

Jack flores vega

lunes, 21 de octubre de 2013

CHICA SEXY: CUENTOS DE WILLIAM DAVID URBANO




Chica Sexy…sí.

Huaral en su hora, relatos.

Prólogo
Desde La Casa de Cartón hasta Chica Sexy: narrativa juvenil
Desde que publicó Martín Adán su libro, La casa de cartón, dejó una huella honda en la naciente historia de la literatura peruana. Era un nuevo modo de narrar. Un modo irreverente y juguetón. Era una nueva radiografía de la época. Un nuevo escenario que traería otros escenarios. La casa de cartón mostraba el mundo de Barranco de los años 20, el mundo de la burguesía veraneante visto a través de una mirada irónica y crítica. Pero no era eso lo que más sorprendía del libro, sino su prosa. Unos quiebres y regates, un malabarismo, una delectación de las palabras: “Mi quinto amor fue una muchacha sucia con quien pequé casi en la noche, casi en el mar. El recuerdo de ella huele como ella olía, a sombra de cinema, a perro mojado, a ropa interior…”, diría el protagonista. Era un vanguardismo de lo decadente, a decir de Luis Alberto Sánchez. Una época en que se asimilaba las corrientes de vanguardia para crear una voz propia, una voz de inconfundible tono literario peruano. Y en eso estaba la prosa de Martín Adán, con su parsimonia en el describir y su acento: el de sacristán, aunque su contenido distaba de ser santurrón. Décadas después aparecería otro libro de similar importancia en la narrativa peruana: Los inocentes, de Oswaldo Reynoso, con la gracia para describir y la belleza de la prosa, pero el acento y el escenario eran distintos: el del irreverente, del anticatólico; y el mundo de  los jóvenes de barriada de una metrópoli limeña, todos tratando de surgir y acomodarse en una variopinta sociedad donde grupos de clase media y pobres vivían casi codeándose. Era el Perú limeño de la década del 60, con desborde popular extendiéndose hasta los conos donde, ahí sí, el escenario era más desgarrador. Pero volvamos a la prosa de Los Inocentes:   “Metió las manos en los bolsillos y fue más hombre que nunca. ‘El semáforo es caramelo de menta; exquisita menta. Ahora, rojo: bola de billar suspendida en el aire.”
Y llegamos a nuestra época, cinco décadas después del libro de Reynoso. Año 2013: tiempos del mundo globalizado, con los conflicto de grandes ciudades tocando a ciudades pequeñas, con la consolidación de clases populares en la economía nacional, y el conflicto juvenil creciente frente a la globalización que pretende homogenizar todo. El escenario, en este caso, es Huaral, con su clase popular emergente, ya no encerrado en un ambiente bucólico campestre, sino en el comercio y la educación. Es un escenario distinto, como también lo es el acento: la de jóvenes post globalización, post guerra interna, la de una creciente frustración, escepticismo, banalización de las relaciones personales, pero con aún hondas pinceladas de compasión y amor. Ese parece ser el caso de Chica Sexy, relatos del joven escritor huaralino William David Urbano.
El libro se compone de cinco relatos, y abre con Reo de Amor. Un cuento que empieza con el protagonista adolescente envuelto en una relación trágica al enamorarse de una muchacha cuyo padrastro es extremadamente celoso y posesivo, un matón con actitudes delincuenciales. Pero, a pesar de lo trágico de la historia, lo que resalta en el relato es el amor de los adolescentes, un amor a prueba de balas, un amor que lo enfrenta todo…que lo sacrifica todo…hasta la muerte.
El siguiente relato Chica de la moto está escrito en diferentes puntos de vista, con un andamiaje sencillo, pero efectivo, y una prosa que seduce y se engarza con los otros dos libros mencionados: “la garúa pega suave. Sus cabellos bailotean con el viento. Llevan la silueta de afrodita. Musa de mis garabatos poéticos: todas.”
El protagonista, adolescente también, busca a su chica e intenta obtener la anhelada satisfacción sexual, pero ella se niega: “piensas que soy una regalona, como las de las motos”, alega. Y es que ella, la adolescente, se considera una chica sexy, y no como aquellas  adolescentes que se suben a las motos, es decir, las “peladas.” El final tiene una escena tragicómica, que muestra el desamparo del adolescente.
En el tercer relato nos volvemos a encontrar con la chica de la moto como protagonista, pero con el orgullo que ahora se define Chica Sexy: “¿Cómo te va en tu vida de chica sexy?... ¡Bien!, se podría decir que bien… ¡Ya toda una mujer!...  Bueno, sí, ¿y…?”. Así principia este relato que, al igual que el anterior denota un manejo virtuoso de la prosa, con sus regates y requiebros, y elegancia. Además del buen manejo del monólogo interior.
Aquí tenemos a una chica adolescente de colegio tratando de seducir a su profesor… con el fin de demostrar que ella es sexy. Aun cuando al final de la historia enfrentará una decepción: “Una chica llora, gime, se maldice. Una chica cualquiera, pero una como yo, no. Una chica…sexy.” 
Y terminamos con los relatos Limosna y Suspiros de luna. Dos relatos trágicos también, pero donde la tragedia está matizada con el amor materno y el sacrificio del amor que, como nota resaltante brota del corazón del narrador.
Sin lugar a dudas, una generosa entrega, una perfecta conjugación de relatos donde la prosa, el juego, belleza, la tragedia y la gracia de los relatos están presentes… y por supuesto, el espíritu joven que emana de estos.  
Contaba Oswaldo Reynoso que una vez le pidió su opinión a Martín Adán sobre sus textos, y este, si no recuerdo mal, le respondió así: “Usted va a ser desgraciado. No sabe lo que ha escrito.” Similar elogio le podría endilgar ahora a William David Urbano, como halago a su faceta de narrador: vas a ser desgraciado, muy desgraciado… para bien de la literatura.
Felicitaciones.

Jack flores vega

  

lunes, 30 de septiembre de 2013

EL MEJORERO Y OTROS CUENTOS



Cuentos de Huánuco
El Mejorero y otros cuentos, de Elí Caruzo


Acabo de leer un libro de cuentos de un autor de la selva: Elí Caruzo. Y la sorpresa que me llevo es tremenda. Maneja bien la prosa, hilvana bien sus historias y se vale, en la mayoría de sus cuentos, de personajes populares de esa parte de la selva peruana –Aparte de las distintas voces y estructuras narrativas que le dan un aire de dominio técnico en el arte de la palabra escrita-. Confieso que no soy un versado ni conozco a muchos autores de la selva peruana, pero considero que hay algo que une a todos aquellos a los que he leído: la naturalidad que tienen para escribir y –como lo dice el propio escritor Oswaldo Reynoso en la contraportada del libro- el deseo imperioso que tienen para contar. A todo eso le agregaría algo más: la fascinación con la que muestran aspectos del ambiente selvático –usos y costumbres-, y su jubiloso sentido del humor. Pero quiero referirme a lo primero, al ambiente selvático. Consideraba Leon Tolstoy que un escritor debe hablar de lo que mejor conoce, es decir, del ambiente en que ha crecido. Ya es conocida su genial frase: “habla de tu aldea y serás universal.” Y eso es lo que ha hecho el escritor de Huánuco Elí Caruzo en este formidable conjunto de diez cuentos: Hablar de su aldea, de la selva, del drama y las alegrías que ha ficcionado, -con apoyo de la realidad-; y al hacerlo, nos regala muchos trozos de verdad literaria que enriquecen nuestra existencia. Aquí un extracto de su libro: “Desde el día en que comencé a rozar el terreno en donde iba a realizar una mejora de cacao, era Mariana quien me llevaba el almuerzo.” Hermoso principio de cuento. Sigamos. “Siempre llegaba con sus cabellos sobre los hombros y una flor prendida en el moño que solía hacerse sobre un lado de la frente. El sol del camino le coloreaba las mejillas y, a pesar de que estábamos en la chacra, gustaba de vestirse bien; su ropa resaltaba las magnificas sinuosidades de su cuerpo.  Aunque quería hablarme, no lo hacía; tal vez porque me veía con unos ojos de tigre.” Formidable. ¡Qué límpido para escribir! Veamos en otro cuento. A campo traviesa. “El grito llenó toda la casa y despertó a los que dormían. Poco después se repitieron otros; provenían del cuarto de doña Josefa.” Y la narración prosigue. “Carlos se acercó al ofidio hasta tenerlo a una distancia ideal. Lentamente alzó la vara…” “Antes de iniciar el ataque, respiró profundo; apretó un momento las manos en el palo, luego las relajó. Sabía que el primer golpe era decisivo; la serpiente quedaría adolorida y, entonces, la remataría. También sabía de lo mortal que es la mordedura de una shushupe, que su víctima no alcanzaría a vivir más de una hora si no recibe un contraveneno.” ¿A quién me recuerda este conjunto de cuentos? A Horacio Quiroga, el gran escritor uruguayo cuyos cuentos de serpientes han quedado inmortalizados. También a Kipling, magistral en cuanto a retratar la selva de la India. Pero hay más cuentos del libro: Confidencias de una jugadora, la carta del Adiós y, como no podía faltar, cuentos que nos hablan de la violencia subversiva que padecieron los habitantes de la selva de Huánuco: Yo sabía que los iban a matar y Entre dos fuegos. Magníficos cuentos, enaltecedores, faltándoles solamente, en algunos, apuntalar el final. Felicito al autor por la ventana que nos abre para ver ese lado de la selva del Perú. Con él, y otros narradores, el futuro promisorio de la literatura peruana está asegurado.

Jack flores vega

Lima, 30 de septiembre de 2013   

sábado, 31 de agosto de 2013

EL TIEMPO DE LOS MUERTOS, DE HUGO VELAZCO


Relatos desde Huancayo
EL TIEMPO DE LOS MUERTOS, DE HUGO VELAZCO


Hay libros que se tornan inolvidables en nuestras vivencias. Hay libros a los que siempre volvemos. Una y otra vez, devotamente. Como los libros de Borges, de Cortázar, o de Poe. Libros de relatos memorables. Como también lo son los de Monterroso, o el de nuestro recordado Julio Ramón Ribeyro. Son libros que se pueden considerar “clásicos”, tomando la acepción del término de un ensayo de Borges: “clásico es un libro que las generaciones  de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad.” Y a esto último es a lo que quiero referirme, a la lealtad. La lealtad de un autor para con los grandes maestros. Hugo Velazco ha publicado el libro El tiempo de los muertos, que consta de veinte y cinco relatos, todos muy bien escritos, con una prosa solvente y que lo lleva a enraizarse con los grandes autores y con los grandes temas: la muerte, la locura, el tiempo, el amor y la vida. Claro, su estilo y su tema no es, en general, el del realismo social, tan predominante en la mayoría de narradores peruanos, sino el de un estilo y tema universal,  culto, enciclopédico, pero no por eso deja de estar alejado del compromiso social y, sobretodo, existencial que es lo que se muestra en casi todos sus relatos. Cuentos como Yubé, donde uno de los protagonistas es un brujo de la selva del Congo  que tiene la costumbre de comerse a sus víctimas, o Las casualidades no existen, ambientado en el espacio donde los protagonistas contemplan el deterioro del planeta, o El paciente Charly Hanssonn, un protagonista rayano en la locura. O ese otro buen cuento Yo vivo en ti, que nos hace evocar a Cortázar de Casa tomada. Realmente cuentos excepcionales que bien podrían encajar algunos en lo fantástico, en lo psicológico, lo policial, en la ciencia ficción y hasta en el terror. Pero no nos equivoquemos, los relatos todos exhiben una preocupación del autor por nuestra existencia, nuestro lugar en el mundo, efímero y trágico. Por eso digo que el autor mantiene una lealtad con los grandes autores y con la tradición literaria universal.
Va a ser muy difícil encontrar un autor que nos haga evocar en un solo libro a los grandes maestros. Y honestamente, no creo que haya en la literatura peruana un libro de cuentos totalizador, que abarque dimensiones de distintos escritores como este libro de Hugo Velazco. Estoy seguro que el lector también descubrirá y agregará algún otro autor o cuento que la lectura de El tiempo de los muertos le haya podido suscitar.   
Afirmaba Borges que él lo que buscaba con sus cuentos era suscitar una pequeña reflexión, una inquietud. Bueno, los cuentos de Hugo Velazco también buscan eso: reflexionar sobre la existencia del hombre, sobre el tiempo y el momento actual. Su compromiso es omnívoro, no deja nada al azar, acaso porque intuye que el azar también es una invención humana, y que, como en una obra de ficción, va señalando el derrotero maniqueo y confuso de nuestra existencia.     

Lima, 31 de agosto de 2013

Jack flores vega