Buscar este blog

viernes, 26 de febrero de 2021

ANALISIS DE LA OBRA LA LLUVIA Y LA VENDEDORA DE ANTICUCHOS, DE JACK FLORES


Análisis de la obra La lluvia y la vendedora de anticuchos, del escritor Jack Flores

por Gabriela Sánchez

El libro presenta 96 páginas y contienen los siguientes cuentos: Por una hormiga; Lucy, la mariposa que aprendió a volar; La culebrita vanidosa; La lluvia y la vendedora de anticuchos; Por unos cuyes; El arbusto con forma de osito panda; La felicidad de un lápiz, y El Gato sin botas. En la introducción el autor hace referencia a su niñez, y el cómo esta etapa de su vida es evocada en la adultez, gracias a la magia de la literatura, permitiéndole cobrar vida a personajes literarios.

La obra de Jack Flores contiene valores, y  todos los cuentos son didácticos; podemos encontrar en esta obra que existen seres humanos inanimados, ficticios, muy cercanos a nosotros, finamente dibujados por la creatividad del escritor. El libro nos invita a una lectura ágil y entretenida.

Este delicioso texto recoge y recrea la impresión infantil, la imaginería, fusionando la cosmovisión andina, y es cinestésica, provocando al lector su lectura; podemos imaginar los sonidos, percibir aromas de sus escenarios; además, el texto es descriptivo, y ello nos acerca mucho a sus personajes en el relato; tal es el caso de La culebrita vanidosa donde observamos un animal típico de la selva peruana: el caimán. Los personajes malvados o antagonistas de los cuentos de hadas, ya no son el lobo u otros occidentales, sino tendremos a personajes como dicho felino, engatusador y malvado, también observaremos a elementos de la naturaleza, como la lluvia, el cerro, el viento y otros; poseen voces y conviven de forma natural, fresca y espontánea con la gente de los pueblos.

Los relatos son ambientados en diversos escenarios: urbanos, en la sierra y la selva del Perú. Rescatan a personajes característicos de la tradición oral peruana y folklore como “anticuchera”, la niña vendedora de cuyes, etc. Encontraremos en este tipo de cuentos que son aleccionadores, los cuales contienen valores que se imponen, como la solidaridad, el amor, la amistad, la lealtad y la sinceridad, frente a la mentira, el abuso y la prepotencia; ellos se ven expresados en los siguientes seres, como Lucy, la mariposa que aprendió a volar, la culebrita vanidosa, y la hormiga. Otro tipo de cuentos abordan el ciclo de existencia, a pesar de su naturaleza infantil nos expresa el proceso cíclico de objetos tan pequeños e importantes como el lápiz, y su reciclaje.

Como integrante del Taller de Lectura Lúdica y Creación Literaria, saludamos este libro que aporta a la literatura nacional y deseamos muchos éxitos al escritor Jack flores en esta nueva entrega literaria.

Gabriela Sánchez

jueves, 24 de septiembre de 2020

LITERATURA ANDINA EN "CONFESIONES EN LA PLAZA", DE SABINO TINTA AYMA

 



Literatura Andina en Confesiones en la Plaza, de Sabino Tinta Ayma

 

 

 La literatura andina ha pasado por distintas etapas en el Perú. Desde la corriente indigenista que denunciaba la condición opresiva del hombre andino y pregonaba que solo por la educación el hombre andino podía ser incorporado a la modernidad, hasta el neo indigenismo de Arguedas, hecho patente en sus cuentos y novelas, principalmente en Los ríos profundos que buscaba acercarse al alma indígena y ensalzarla. Pero la literatura andina no se ha detenido ahí: hay nuevos exponentes, nuevas vertientes, nuevas visiones, como la literatura regional, en la que abundan autores, algunos con mayor o menor éxito, pero todos pugnando por hacer escuchar su voz, reclamando la revalorización de una cultura que aun consideran marginada, manipulada y asfixiada por los grupos de poder y centralismo latentes. A una de estas voces, insulares, pero no menos importante ni carente de talento, pertenece Sabino Tinta Ayma, natural de Cusco, hijo de una comunidad campesina, quien, con su relato corto Confesiones en la Plaza nos devuelve a lo mejor de la literatura andina: su espíritu, su lucha y su orgullo por una cultura milenaria que se enaltece en presentar.   

 

“La puerta se abrió con violencia justo a esa hora de la noche en que nos envolvía un sueño profundo. Aterrados por los bramidos tan espeluznantes los dos nos despertamos con enorme sobresalto.”

 

 Así empieza el relato corto, de tensión, de fuerza. Un campesino sufre el robo de sus ganados y en su intento por recuperarlos recurre a las fuerzas mágicas de la naturaleza y posteriormente, a los habitantes de la comunidad de Huertacancha, con quienes se dirige a la comisaria de la región. Hay una evidente injusticia que muestra el autor en su historia, un clamor de lucha y unión. Los comuneros se unen para hacer justicia con sus propias manos, se reúnen para protestar por el abuso de las autoridades, se imponen. Pero también hay mezquindad, venganza, deseo de hacer daño de un habitante de la comunidad al no lograr que el campesino asaltado le preste su toro semental, que es, a la postre, lo que desencadena todo el conflicto. Pero lo que da vida a este relato vibrante es su alma andina, su voz telúrica, que como río torrentoso, corre y zigzaguea por el paisaje agreste, por las pasiones humanas, por las costumbres ancestrales del Perú profundo. Es su visión, entonces, su visión desde adentro lo que resalta, algo que el autor conoce bien, al haber crecido allí.

 

“¡El apu Q’oyani es majestuoso y sabio!

¡Dios del trigo, la papa y el chuño!

Siempre venerado con fe sedienta, no solo por la misma gente que vivía en Huertacancha, sino por los visitantes que llegaban anhelosos de otros ayllus a descargar sus tropiezos y pecados. La gente que acudía a rendir reverencia ofrendaba con pago a la tierra, lo mínimo un cordero, un choclo, una papa, una espiga de trigo y hojas de coca que no faltaban.” 

 

El cerro tutelar, la apacheta, la hoja de coca están presentes en la vida cotidiana del hombre andino.

 

“Mi padre, en medio del viento que corría intenso,  que traspasaba hasta el poncho y la chalina, empezó a llamar con todas sus voces:

¡Wawqeykunaa! ¡Uyuriwaychis!

¡Kay tutan uywayta suwaruwanku!...”

 

Y luego, en otro pasaje, dirigiéndose al cerro, la mujer que se comunica con el apu Q’oyani, que lee las hojas de coca:

 

“-¡Taytallay, apu Q’oyani, han robado nuestros ganaditos –empezó a exhortar doña Casimira con la mano en el pecho y mirando fijamente al techo.”

 

Y luego la tensión en la comisaria, y el castigo que se da a los ladrones.

 

Pero el relato no solo muestra las vivencias, si no también que desarrolla la historia con tensión, con intensidad. Aquí una escena:

 

“-Toma mierda, ¿por qué has robado, dime?, ¿por qué?

En cada latigazo, los abigeos se doblaban como una arcilla y gritaban adoloridos pidiendo perdón. “

 

Impacta el relato, y su final, penoso, triste porque sucede a unos habitantes de la comunidad, acicateados no solo por la ambición, sino también por la sequía:

 

“En esos cortos minutos de mi sueño vi que en nuestra comunidad la sequia se había prolongado desde enero hasta agosto. Los cerros y los ríos ardían en llamas por el calor intenso; la papa, el trigo y el maíz crepitaban por la helada de diez bajo cero. La gente no tenia qué comer,…”

 

Es un relato corto el que nos muestra Sabino Tinta, en Confesiones en la Plaza, pero intenso; ahí ha condensado el drama del hombre andino; su alegría y su pena y sus costumbres, aun vigentes. Y nos conmueve ese drama porque también es nuestro, pero sobretodo, nos conmueve por la manera cómo lo cuenta, cómo nos lo hace vivir; tiene una naturalidad, una fuerza. Parecería que allí no hay técnica, pero no nos engañemos sí la hay, empezando por quien cuenta la historia: un niño, el hijo del hombre asaltado. Eso le da un mejor acercamiento a los hechos.

 

Y hay más recursos técnicos, pero eso ya ameritaría otro comentario. Por el momento, leamos a Sabino y su apuesta andina, su sincretismo cultural, su gozo al mostrarnos una literatura de gran alcance.

 

Lima, 23 de septiembre de 2020

 

Jack flores Vega

 

 

lunes, 14 de octubre de 2019

NANOCUENTOS, DE ARMANDO BRAVO




NANO CUENTOS, DE ARMANDO BRAVO. MINICUENTOS TRÁGICOS



A estas alturas, en el Perú, creo que nadie ya desconoce el término y el género del minicuento, el cuento pigmeo, la microficción, o el nanocuentos, como lo dice ahora el escritor Armando Bravo. Todos, en algún momento, hemos leído estos minicuentos en revistas, en libros, y hasta en páginas de internet. Y estoy de acuerdo con lo que dice el autor en el prólogo: el género es antiquísimo; aunque eso, muchos en el Perú, lo hayan olvidado. Pero creo que todos, cuando escuchamos el término minicuento, hacemos referencia a los grandes difusores del micro cuento, como el guatemalteco Augusto Monterroso, o como el mexicano Juan José Arreola; pero principalmente por Monterroso y su ya célebre dinosaurio: “Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.” O este otro también del mismo autor: “Hoy me siento un Balzac, estoy terminando esta línea.” Y creo también que en algún momento, todos hemos intentado escribir o escrito un microcuento. Esto, en la literatura peruana, es notorio, pero lo que no es notorio es que algún escritor peruano llegue a publicar un libro de microficción. Recuerdo a uno de los cultores del minicuento, a mi amigo, el escritor del Cuzco, Mario Guevara, quien luego de un viaje a México, donde pudo leer y darse cuenta de la enorme difusión del microcuento en obras personales y de antologías, llegó a publicar su propio breviario: “Matar al negro”, libro jocoso de microficción. Recuerdo uno de ellos: “Brichero: Después de agotadoras jornadas de placer, el amor que le profesaba se había diluido. Pero la gringa (una lágrima se deslizaba por la sonrosada mejilla) estaba firmemente convencida que él volvería. Aunque la posdata de la carta decía: ‘Amor mío, sólo me llevo quinientos dólares, porque te quiero'”. Recuerdo también a la profesora italiana Giovanna Minardi quien llegó a publicar una corta antología de cuentos pigmeos latinoamericanos. Posteriormente publicó otro libro también, más exhaustivo: la Microficcion nacional, cuentos breves de escritores peruanos. Ahí había cuentos desde César Vallejo hasta escritores actuales. Y es que muchos, en Lima, se animaron a escribir para estar en la antología de la profesora italiana. Esto causó revuelo e interés por el género. Lamentablemente esto no ha culminado en un germen de publicaciones de libros de microficción. Tiempo después, un joven escritor, estudioso de la microficcion, llegó a publicar otra antología y una revista dedicada al género: Plesiosaurio, que incluía a escritores de diversas nacionalidades, algunos, muy reconocidos y diestros en el género. Él, Rony Vásquez Guevara, de Lima, llegó a organizar eventos, y hasta ahora se mantiene como solitario difusor y estudioso de la microficción. He aquí uno de sus minicuentos: “cuento de terror: Y cuando despertó todavía seguía siendo un cuento”.  Rony Vásquez también llegó a publicar un libro de antología de microcuentos, esta vez un libro voluminoso de más de 200 páginas. Muchos escritores peruanos están ahí, vivos y no vivos. Pero repito, muy pocos han publicado un libro de microcuentos, a lo mucho se han hecho una que otra antología, como si el género del microcuentos se resistiera a crecer aquí, como sí sucede en otros países vecinos. Ahí tenemos a Galeano, o a esa hermosa antología de Armando Epple, calidad de microficción, o esa de Borges en unión con Bioy Casares. Por eso sorprende encontrar a un cultivador del microcuento en Huancayo, lejos de las grandes urbes, presentando su libro de microficción: Nanocuentos. Y lo que llama la atención en sus textos es la precisión de la frase, la brevedad y variedad temática; se ve que ha trabajado con paciencia. Una muestra:
 Damocles
Sobre mi frio cuerpo pende un hilo….sostenía la espada.
Otro nanocuento:
RH
El apasionado roce de esos labios en su cuello la enervaba. Desfallecida, le preguntó su nombre: “Nosferatu”.
Pero lo que más resalta en el libro son las alusiones a la muerte.
He aquí uno:
Premonición
Supe siempre que para morir tendría un sueño premonitorio. Hoy, por más esfuerzo que hago, no logro despertar de ese sueño.
Pero también hay textos con guiños a escritores, como este:
Turista
¡Pobre de mí! Llevo como única guía para este Paris ignoto, la Rayuela de Cortázar.
Y también hay nanocuentos que son de crítica,
SS
Amaba realmente al hijo que tuvo con la bella judía. Pero ese día era su deber hacerlos marchar en el tren que los llevó a Auschwitz.
Y este último:
Compasión
Compadezco sinceramente a los dioses –a todos-, porque no tienen potestad sobre la maldad humana.
El libro abunda en más textos breves, de distinta índole; sería una tragedia no leerlas… o peor aún, sería una mezquindad ignorarlas... en la brevedad de nuestra existencia.
Felicito al autor por este libro de microficción, que sin lugar a dudas, lo pone como un referente aquí en Huancayo, y como otro de los pocos autores de libros de microcuentos en el Perú.
Gracias.
Jack flores

25 de junio de 2019 

domingo, 21 de octubre de 2018

EL DESAMOR, LAS BOTELLAS Y LOS HOMBRES EN LA NOVELA "PECADO", DE KEN SÁNCHEZ



El desamor, las botellas y los hombres en la novela Pecado, de Ken Sánchez

 Hay novelas que nos sorprende, novelas que nos sacan de nuestras casillas y nos llenan de interrogantes. Novelas que sorprenden por su estructura, su lenguaje, su ambición. Novelas que marcan un antes y un después, que abren nuevos horizontes. Pero también hay novelas que sorprenden porque se apartan de la corriente, del canon literario predominante en un país. Para el caso que nos toca ahora, la novela Pecado, de Ken Sanchez es algo insular en la narrativa peruana. Y no solo la novela, creo que hasta su autor es insular. Ken sanchez ha venido desarrollando una narrativa bastante apartada de lo predominante en el país. Si bien su primera novela es de corte hiperrealista, allegada al realismo, es esta exageración  del realismo lo que la hace singular.
Hay que recordar que el realismo buscaba analizar, cuestionar la sociedad, denunciar los males. Pero no es esto lo que vemos en la narrativa de Ken Sanchez. ¿Estaría más cerca de la corriente Naturalista? El Naturalismo deriva del realismo, lo exagera, y busca explicar los comportamientos del ser humano, describir el entorno social y derivar las leyes que rigen la conducta humana. Para esto el naturalismo describía ambientes sórdidos, situaciones de pobreza y marginación. Aquí sí hay coincidencias con las historias y los personajes de Ken Sanchez, pero tampoco se puede adscribir su obra a la corriente naturalista. Él no busca cuestionar, descubrir leyes, denunciar, arremeter contra el poder, no. Solo busca mostrar. Crear su mundo paralelo donde el amor y el desamor, y la bebida, por supuesto, son desencadenantes de una variedad y complejidad de tragedias que él, solo busca mostrar. Solo busca contar bien una historia.

El escritor español Antonio Azorín decía sobre la novela: “Escribe prosa el literato, prosa correcta, prosa castiza, y no vale nada esa prosa sin las especies de la gracia, la intención feliz, la ironía, el desdén, el sarcasmo.”   

Y tiene razón Azorín. La prosa, la historia  no vale nada sin estos elementos que le dotan de poder de persuasión, de verosimilitud. Y muchos de estos elementos están presentes en la novela de Ken Sanchez, Pecado. Veamos uno de estos elementos.

La historia empieza con el protagonista Juan, que estudia con Julia, y ambos al hacerse adolescentes se vuelven pareja. Esto ocasiona la ira del padre de Julia quien los separa. El protagonista, incapaz de soportarlo, se hunde en la bebida, y para sobrevivir se vuelve reciclador. Y entra en ese submundo donde conoce a Elisa, cuya historia termina trágicamente. Luego conoce a Elizabeth, quien lo llevará a otro destino trágico. Pero antes de este hecho se reencuentra con Julia, quien ya adulta, vive alejada de sus padres y en una situación terrible. La historia se intercala con Julia y Elizabeth. Y es aquí que la trama, aparentemente simple, tiene distintos enfoques para mostrar; empezando por la madre del protagonista que es la que empieza la historia:

 -¡Te dije que te iban a matar!
La frase de la madre salió con dureza de su garganta al ver el cadáver de su hijo tendido en la cama del hotel donde tantas noches él había albergado sus pasiones.
 Y luego cambia el punto de vista. Ya es el protagonista el que cuenta:
Hacía memoria. Su alma atormentada empezó por recordar desde el día en que recibió la carta de Julia, carta que fue para él como una puñalada que lo condenó a mil desavenencias.
 Y el relato prosigue con ese punto de vista del protagonista y no se percibe en qué momento cambia a un narrador omnisciente:
Sin importarles nada e ignorando el cansancio, la sed, el sueño, el hambre; sin rendirse ante esas desavenencias, juntaron sus alas en un sueño donde sembraron mil ilusiones en aquel barrio donde se les vio crecer. Hasta que la noticia llegó a oídos de su padre.
 Y no solo cambios en el punto de vista del narrador tiene la novela, sino también mudas en el tiempo y en el espacio.
De narrar la historia en un tiempo presente, pasa a un tiempo pasado. Y viceversa, juega, cambia. De estar en Huarás, donde empieza la historia, pasa a Los Olivos, el centro de Lima, y así, cambia.
Y también tiene cajas chinas; las técnicas narrativas antiquísimas.
El protagonista conoce a otra mujer y esta mujer cuenta su desgracia. Cada personaje importante que aparece en la novela tiene su historia. Lo cuenta el narrador omnisciente que lo sabe todo, y lo cuenta el protagonista por su propia boca. Se intercalan las historias, lo cual nos da una riqueza del conocimiento de la historia.

Además de eso la novela tiene incrustaciones de poemas:
“Hundido en su tristeza seguía asistiendo a clases cada día más taciturno, misterioso y más solitario, enredado en su mundo.

Desde
mis ojos
canta la alborada
llamando con mis oídos
a la tristeza,
unos sentados
a tomar una taza
de silencio
caminando
el río
que llora
en mis labios.

¿Quién escribe el poema? ¿El protagonista? No parece, más parece que lo escribe el narrador de la historia.
Bueno, pero no solo hay poemas, también hay una carta, una carta de desamor:
Julia, la primera amada del protagonista, alejada de él, por presión de su padre, después de tiempo, le escribe: 
¡Hola mi amor!
A esta hora ya estarás dormido, son tres de la mañana, me encuentro envuelta bajo el silencio de mi alcoba repasando mis pensamientos que no me dejan dormir; me echo queriendo soñar, pero apareces tú invadiendo todo mi ambiente.
Decido escribirte quizá la última carta que haga para nunca jamás olvidarme, ni siquiera la muerte podrá matar éste cariño que tengo.
Tú ni te imaginas lo mucho que me cuesta escribir, estás en el sueño más profundo de mi ser; no sé qué estarás haciendo, tal vez durmiendo como un bebé recién nacido, mientras que yo no he pegado ni una sola pestaña.
 Esta es la manera que tiene de narrar Ken Sánchez, que ha desarrollado Ken Sánchez; es su estilo personal, original, reconozcámoslo, y aplaudámoslo. 

La novela, pues, empieza con la madre, y termina también con la madre, quien ha leído la notica del periódico y ha acudido al hotel. Aquí también Hay una incrustación: la noticia de un periódico.
Otro elemento del estilo de narrar del autor.
Esta es, a mi entender, la mejor novela de Ken Sánchez. Por estructura y por recursos. ¿Y la temática? La temática viene con el amor, pues, y con el desamor. No hay que olvidar que en la narrativa hay tres grandes temas para tocar: el amor, la vida y la muerte. Ken Sánchez, acertadamente, ha tocado el amor.

Le comentaba a un amigo que sería un pecado no valorar esta novela, no leerla; y sería un pecado mayor no acompañar a Ken Sanchez en la formación de su talento, en la construcción de su talento, en la construcción de su mundo literario, mundo al que él nos invita, al que él  quiere que nos fijemos; tal vez así comprobemos que aun en los seres marginales, en sus desgracias, en su laberinto de pasiones y miserias avistemos también llamaradas de amor, de sacrificio.

Gracias, Ken, por la excelente novela.

Jack flores vega

Lima, 26 de septiembre de 2018

martes, 12 de junio de 2018

EL CABARET VERDE, DE JOHNNY BARBIERI


El cabaret verde. Cuentos.

JUEGO Y DRAMA EXISTENCIAL EN EL CABARET VERDE, DE JOHNNY BARBIERI

Hay libros que al terminar la lectura nos recuerdan otros libros, nos llevan de regreso a otros libros, historias que nos recuerdan otras historias, cuentos que nos llevan a evocar otros cuentos. No es casual que sea así, la literatura se alimenta de la literatura del pasado. Es como un tren del que uno va jalando. Cada autor agrega algo y jala el coche de la buena literatura. Para el caso de “El Cabaret verde”, libro de relatos de Johnny Barbieri, sucede lo mismo; la lectura de los ocho cuentos que conforman el libro me ha llevado a evocar otros cuentos, otros autores, y a buscar en la memoria otros libros que se le asemejen en su conjunto, pero no lo he logrado a cabalidad; a lo mucho, he podido evocar otro cuento o autor que tiene en su trama características parecidas, como es el caso del escritor peruano mexicano Mario Bellatín, y su historia que también gira en torno a peces de un acuario; solo que en el cuento El cabaret verde sorprende más por el conocimiento de peces que tiene el autor y por los personajes marginales (un acuarista tartamudo y una prostituta), sumergidos en una atmosfera de desesperación y obsesión que desembocan en una tragedia:
“…entonces vio a Elisa tirada sobre el suelo, muerta, se acercó, quiso tomarla en sus brazos pero no lo dejaron,
………………..
La riccia flotante bajo la luz alógena cobijaba a los guppys, mientras los platys nadaban libres en ese pequeño mundo submarino donde ahora, Horacio, estaba sumergido por completo y de donde no saldría jamás.”

Pero no es el único cuento del libro que hace evocar a otro autor; hay también otro cuento que evoca otro cuento de otro autor famoso, como es el caso de Edgar Allan Poe, y su cuento policial. “Ojos Rojos”, texto de El cabaret verde, es un relato que tiene un principio policial, con un agente que se acerca a la escena del crimen: una anciana muerta, con la piel rasgada y cabellos salidos, y otros horrores, y es aquí donde el agente policial va a tratar de desentrañar el crimen. ¿No evoca acaso a ese cuento de Allan Poe, el crimen de lord Arthur Saville, donde gracias a deducciones e inducciones se llega a esclarecer el crimen? Bien, aquí es al principio casi lo mismo, solo que al avanzar el relato nos damos cuenta que no es así, y que el relato, de principio policial cambia a uno de horror, un horror que espanta y perturba, la prosa que va contando este hecho se torna hipnótica, paraliza a quien lo lee, y asusta. Es, a no dudar, un gran cuento. Difícilmente un lector de este relato se va a olvidar de este horror, y creo que va a vivir con ello hasta el fin de sus días.
Y así podríamos seguir con otros cuentos del libro, como el de “Coloretes”, de personajes homosexuales. Es decir, hay distintas variantes en este conjunto de historias de  Johnny Barbieri,  que difícilmente se le podría encasillar en un estilo o tendencia. Su temática, si bien critica, realista, corrosiva, no lo es de denuncia; el autor más se preocupa de mostrar, dibujar bien a sus criaturas e impactarnos con sus acciones y deleitarnos con su bien elaborada prosa.        
Pero decía que hay otros relatos que evocan, y claro, está el cuento del homosexual pintor que comparte cuarto con un pintor que se enamora de una mujer recién llegada de provincias, buscando abrirse camino. Y al optar ella por un sucio oficio, abandona el cuarto. Y el pintor va tras ella, solo para constatar que ella ya ha perdido todo, hasta el mínimo respeto, sin ningún atisbo de amor al pintor, quien decepcionado, se mata. Esto es lo que rememora su pareja que habla de él. Pero aquí, lo que resalta más es la prosa, tan bien llevada, con juegos y frases que recuerdan al Rayuela, de Cortázar. Que tal deleite.

“No hacia falta más cerrar las cortinas u ocultarse tras esas falsas mascaretas de polvo blanco con que nos cubríamos el rostro. Pensé que era mejor abrir un agujero en el paño rosa para que todo el mundo nos viera tal como éramos: libres, sin prejuicios, más transparentes que nunca. Alcé la vista y lo miré fijamente a los ojos; no pude decir nada esta vez, me intimidaban sus ojos, esos grandes ojos oscuros, siempre lejanos.”

Reafirmo entonces, los relatos no son críticos, no buscan moralizar ni hacer hincapié en la pobreza ni la injusticia, solo muestran; el autor solo se preocupa de hacérnosla palpable…a través de la estetizante y adictiva prosa que maneja.

Felicito a su autor por este maravilloso libro de cuentos que contribuye a seguir jalando del coche de la buena literatura…y por deleitarnos con la buena prosa que maneja.
Gracias. 
  
Jack flores vega

Lima 11 de junio de 2018

miércoles, 5 de julio de 2017


EL RECICLADOR DE ALMAS, CUENTO DE DANIEL GUTIERREZ VENTOCILLA


¿Comentar un cuento? Sí, porque no. En la variopinta sociedad en que vivimos hay escritores que con el afán de poner el libro al alcance del lector, recurren a diversas estrategias; una de ellas es publicar cuento por cuento lo que, tradicionalmente, se podría publicar en conjunto. Es un recurso válido, si se tiene en cuenta que el texto es bueno, y que el lector o los lectores son alumnos de un colegio estatal –con las conocidas carencias de costumbre y dinero para comprar un libro, y hasta con las prohibiciones por parte del director o docente encargado de un colegio o un plan lector. En lo que atañe a este cuento –y otros-, puedo decir que El Reciclador de almas, del escritor tarmeño Daniel Gutierrez Ventocilla exhibe una sencillez y grandeza en su resultado; su cuento convence, persuade, llega al alma del lector, y, lo que es más importante, lo vuelve un enamorado de la lectura; y hay más todavía –tratándose de un autor-educador-, su cuento motiva, enaltece, engrandece el alma del pequeño lector. Eso es lo que me sorprende. ¿Por qué? Porque muchas veces un texto narrativo dirigido a niños y adolescentes tiene una enorme carga pedagógica, opacando a la parte estética y lúdica del texto. Se insiste bastante en la moraleja, en la enseñanza, olvidando que un texto, de por sí, nos va a decir algo, nos va a mostrar algo. Y lo que se prefiere –tratándose de adolescentes- es que los lectores saquen sus propias conclusiones.   
Para el cuento que menciono ahora, El Reciclador de almas,  tiene por protagonista a un niño, enfermizo, recluido en su casa, que sale solo para conocer al reciclador, un personaje que acumula trastos y negocia con estos. Pero el reciclador no es un personaje cualquiera, es un hombre sabio, que enseña al niño, lo motiva y trabaja con él en común, enalteciéndolo. El relato tiene también historias internas, leyendas muy bien hilvanadas que aportan a la grandeza del texto en conjunto.
El argumento es sencillo: Un niño que tiene una enfermedad incurable, que no va al colegio y es atendido por una enfermera que lo visita, incluso al colegio, para hacerle tomar las pastillas. Como se niega, lo asusta con llevarlo con el reciclador:
“-Si no obedeces, te llevaré con el reciclador –amenazaba.
No le hacía caso, pero cuando empezaba a jalarme hacia la salida, ahí recién le creía y entonces obedecía porque todos los chicos sabíamos que ese viejo desdentado vendía a los niños desobedientes luego de pesarlos por kilos… ¡Ah!, y si ponías resistencia, te fumigaba con su aliento y caías patas arriba como un insecto.”
Finalmente, por una pelea, el niño es expulsado del colegio. Y en casa, mientras su madre se va a trabajar, se pone a dibujar caritas de niños: “…en el exilio en que me encontraba resultó ser una buena idea.”

Luego sucede la proximidad del cumpleaños de su madre, y ante la falta de dinero, el niño busca al reciclador. Este lo encara: “si conviertes cualquier objeto en una herramienta de trabajo, serás útil en la vida…”. Y lo somete a otras pruebas, y le cuenta historias que lo aleccionan. Solo al final nos damos cuenta de la verdadera y dramática situación del niño, y lo que realmente eran la mamá y el reciclador… ¡Emocionante! Una pequeña obra bien trabajada, con técnicas narrativas similar a las cajas chinas, además de una prosa sencilla y un contenido enaltecedor. Felicito al autor por su imaginación y fantasía, y por su destreza para escribir con sencillez. Tarma y los educandos –y todos que aman la literatura- necesitan más de esta calidad de textos.

Lima, 5 de julio de 2017

Jack flores vega 

martes, 24 de enero de 2017

ASÍ TIENE QUE SER O LA MODERNIDAD SIN HÉROES, EN LOS CUENTOS DE JACK FLORES


“Así tiene que ser” - o la modernidad sin héroes en los cuentos de Jack Flores Vega
Acaso seremos el medioevo de una futura modernidad, reflexionaba Octavio Paz, pero el medioevo que nos acoge no está como antes lleno de caballeros, de princesas y de gestas. Los tiempos han cambiado bastante desde la “Morfología del cuento” publicada por Valdimir Propp; la globalización ha homogeneizado a todos; tanto a los escritores como a los personajes. Hay escasez de héroes, y más bien pululan una especie de anti-héroes. Nada de eso incluso nos conmueve, a pesar de que forman parte de nuestros actos y limbos cotidianos.
En ese marco aparece Jack Flores con “Así tenía que ser”, su nuevo libro de cuentos, esta vez dirigido a un público adulto, cuyas historias, fruto de su destreza narrativa, nos presentan una lánguida atmósfera en la que sus personajes intentan materializar sus diferentes planes de vida; estos intentos, son descritos con esa habilidad que Jack nos ha sabido entregar desde sus primeros libros.
Jack Flores Vega ha venido publicando libros de cuentos, como “Lecciones para un suicida”, y “La casa de Arguedas”, dirigidos a un público adolescente, e incursionó con acierto en la literatura infantil con “El gallito que leía periódicos”, además de una novela corta “Diario de Batalla”. Por esa fecha surge, entre las gratas tertulias y encuentros literarios, la intención de Jack de publicar una novela de contenido más serio. Luego de leer los cuentos presentados en “Así tenía que ser”, algo me dice que Jack se encuentra muy cerca de lograrlo.
En el primero de los cuentos, “Vidas extrañas”, el Dr. Fausto busca refugio en su clínica odontológica para olvidar su reciente y trágico divorcio y de todos sus sueños truncados, distrayéndose con las historias de sus clientes y amigos. El cortejo de Fausto a su asistente Marlene nos rememora esa maestría narrativa de Flaubert (como todo buen escritor Jack es un buen lector, y esa acumulación de técnicas se demuestra en sus obras). Aquella escena del hipódromo, que se enlaza con el final del cuento, no dejará a nadie impasible.
Los siguientes cuentos: “De todo” y “En la ventana” son apenas una muestra de lo que esperamos ver en la prometida novela que prepara Jack, dos historias rescatadas de la cotidianidad por el escritor. La literatura, a decir de Octavio Paz, está enamorada del instante, tanto así que lo perenniza. Una pollada de barrio y las maromas para llegar a fin de mes, y de paso intentar trascender por encima de lo común, sinónimo de lo “real”.
En “Pobre Ballena” Jack luce esa habilidad que ya le conocemos desde sus primeros libros. La narración en segunda persona es precisa, y casi logra lo que uno busca cuando se anima a escribir cuentos: construir personajes que parezcan reales, hasta el punto de hacernos sentir parte del momento narrado.
De acuerdo a algunos detalles y por el manejo de sus argumentos (“episódicos”, según Aristóteles pero acertados en narrativa al fin y al cabo), podríamos considerar tanto a “Una noche en Huancayo” y a “La telenovela” como dos relatos de cierto corte fantástico.
Pero es el cuento “Así no tenía que ser” el que nos muestra la nueva veta que Jack abre con este libro y de seguro desarrollará en su próxima novela. El abogado Martín Ramos Ponce ve sus ilusiones deformadas y no tiene más que aceptar esa realización bizarra de sus deseos ( “Ay del que realiza su deseo”, nos alertaba Martín Adán); esa “resignación” es ahora típica de la nueva fauna literaria. Inclusive los personajes de Ribeyro eran más una especie de caballeros retirados y no ganaban gestas sino apenas sobrevivir.
El último pero no menos simpático de los cuentos, “Así tenía que ser” narra de igual manera la resignación de Álvaro de seguir adelante en una relación al no poder estar con Ángela, la hermana menor de su reciente pareja. Precisamente son las conversaciones que se sostienen en los textos de Jack las que van revelando incluso hechos y motivaciones (visos de Hemingway y Reynoso) que al final desencadenan contradicciones en el pensar y el accionar de sus personajes.
Mientras se iba modelando este artículo, surgieron varias discusiones en torno a la necesidad y/o trascendencia de los diálogos (aparentemente triviales ) en los textos narrativos. Nada que Wittgenstein o Van Dijk no hayan intentado resolver desde los campos de la Linguística y la Filosofía. Recordemos entonces que sí, que al final los diálogos cotidianos alcanzan mayor trascendencia que los entredichos académicos por estar más relacionados con el mundo real.
¿Cómo tienen que ser las cosas? El libro de Jack Flores me trajo a la mente las palabras del patrón en “El sueño del pongo”, de José María Arguedas, y como hemos visto en el análisis de algunos cuentos suyos (justo aquello que nos captura y nos divierte) la cosas para los personajes de Jack no salen nunca así como tenían pensado. Las cosas son (o no son) como son, (pero cuidado, dijo platón) o como deberían ser (o haber sido, otra vez Aristóteles) siempre en manos de los escritores. A leer, pues.

                                                                                                                                  Elio Osejo

                                                                                                                                         Escritor